Juego y juegos (1/2)

En los últimos 6 años, en los que he podido observar el juego infantil desde la óptica del juego libre y espontáneo, he observado juego de todo tipo (vease Y… ¿sólo juegan? (1/3)). Y, fruto de un análisis posterior, coincido con Coll, Marchesi y Palacios al clasificarlo, en función de los temas, de la siguiente manera:

  • Juego sensorial: manipular objetos, golpear, chapotear, amasar barro, etc.
  • Juego con movimiento: correr, saltar, bailar, etc.
  • Juego simbólico: usar la mano como si fuera un plato del que se toma comida, usar un palo cono si fuera un caballo sobre el que se monta, etc.
  • Juego rudo-desordenado: simular peleas, básicamente.
  • Juego verbal: juegos de palabras, ritmos, cadencias, etc.
  • Juego sociodramático: jugar a bomberos, a médicos, a la familia, a policías y ladrones, etc.
  • Juego constructivo: hacer puzzles, hacer torres con bloques o piezas, hacer puentes y ciudades con arena y agua, dibujar, etc.
  • Juego de reglas: ajedrez, fútbol, juegos de cartas, petanca, etc.

Según mis conclusiones, y coincidiendo con los apuntes de Piaget (1896 – 1980), el juego sensorial y el de movimiento son intrínsecos de los niños y niñas que se encuentran en la etapa sensoriomotora, juntamente con el juego presimbólico que, en muchos casos, constato, acompaña a los períodos de adaptación y los procesos de dependencia/autonomía de la función madre. El juego simbólico, por su parte, aparece junto a la capacidad de simbolizar, entre los 2 y los 3 años, dependiendo de cada persona; es decir, al inicio de la etapa preoperativa. Y, sin lugar a dudas, es el juego estrella hasta los 6, 7, 8 años; cuando, según el caso, nos encontramos a las puertas de la etapa operativa, donde es sustituido por el juego de reglas.

En este sentido, y tomando como contexto nuestro proyecto, me apetece apuntar que nuestros niños y niñas que ahora están pasado de la etapa preoperativa a la operativa (véase Ajedrez, fútbol y corazón) empezaron el curso enfrascados, como en el curso anterior, en juego simbólico y sociodramático, básicamente. Y, paulatinamente y, al mismo tiempo, de manera brusca, a partir de finales de diciembre, estos dos tipos de juego, fueron desbancados, de manera fulminante, por el juego de reglas; de tal manera que, des de hace unos meses, el juego simbólico y el sociodrámatico han pasado de ser los únicos protagonistas a ser un mero apunte marginal. Y, sin lugar a dudas, esta transición, de un mundo a otro o, mejor dicho, de una manera de percibir el mundo a otra, no está exenta de alegrías, dolores, e incertidumbres. Por lo que, sobretodo, Jan, Oriol, Marçal, Tania, Jordi, Jan, y Óscar, unos más que otros, han pasado, y están pasando, su particular via crucis de cambio de perspectiva, por llamarlo de laguna manera. Un salto físico (cambio de dentición, mayor integración interhemisférica, etc.), un salto cognitivo (aumento de las perspectivas a contemplar, búsqueda de finalidades en las acciones, motivación intrínseca por reconocer y manejar las reglas que mueven el mundo y las relaciones, aumento de la capacidad de atención, etc.) y emocional (cambio en la gestión y en la  conciencia emocional, cambio en la manera de entender las relaciones, aumento de la capacidad de descentración, etc.), que requiere de los respectivos periodos de adaptación, con todo el dolor que ello implica. Y, sin lugar a dudas, ese dolor infantil reabre el dolor reprimido en los adultos que acompañamos estos procesos.

Cierto es que cada uno de estos juegos es propio de un momento madurativo determinado. También es cierto que el cambio de una etapa a otra desplaza ciertos juegos y permite que entren otros en escena. Y, más cierto es que el ir creciendo y madurando, en el mejor de los casos, no nos restringe las posibilidades, sino que nos las aumenta; tal y como apunta Wilber (1949), en cada nuevo peldaño evolutivo, se integra y se trasciende el peldaño anterior. De esta manera, los niños que están en la etapa operativa se sienten muy cómodos jugando a juegos de reglas, propios de este momento; y, a la vez, los puedes encontrar jugando a construcciones, haciendo como si fueran trabajadores de una heladería, e, incluso, practicando juego rudo y desordenado en las colchonetas que instalamos para este propósito. Algo parecido a lo que podríamos hacer los adultos si no tuviéramos, en la mayoría de los casos, atenazado, reprimido y encadenado a nuestro niño interior. (Sigue en  Juego y juegos (2/2))

Esta entrada fue publicada en Acompañar procesos, Aprendizaje y Desarrollo, Libertad y Autonomía y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Juego y juegos (1/2)

  1. Pingback: Juego y juegos (2/2) | Ser para educar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s