Juego y juegos (2/2)

(Viene de Juego y juegos (1/2)) Es bien cierto que, el juego, también puede clasificarse en función de la madurez social de los participantes y que, ésta, a menudo, no va pareja con su edad cronológica. Así pues, y siguiendo a Parten, en función de la madurez podríamos decir que existe:

  • Juego solitario: jugar solo, a menudo con objetos, estructurados o no, pero sin una intención manifiesta de relacionarse con los demás.
  • Juego de espectador: observar a otros, verlos jugar sib participar directamente en la actividad.
  • Juego paralelo: jugar junto a otros, pero no con otros, aunque, de alguna manera, se imite su conducta.
  • Juego asociativo: interactuando con otros, por ejemplo, compartiendo juguetes, intercambiando material e, incluso, siguiendo ciertas indicaciones del otro; pero sin adoptar distintos papeles ni cooperar para lograr una misma meta.
  • Juego cooperativo: coordinar esfuerzos para lograr metas comunes, repartiéndose papeles y colaborando para conseguir el objetivo final.

A pesar que se ha insistido en que la tendencia evolutiva lleva a una disminución progresiva de las actividades no sociales y a un aumento de las sociales, según mi experiencia, es una afirmación un tanto dudosa. En este sentido, me gustaría matizar que, según lo vivido, las conductas, supuestamente más inmaduras, siguen estando presentes, en algunos momentos, en algunos niños de edad operativa. Y, no hay duda que el carácter social del juego es un elemento importante; pero, sin duda, por lo observado, la complejidad cognitiva del mismo es un factor determinante que decantará la balanza hacía un tipo de juego u otro.

Así pues, aunque es cierto que a medida que los niños crecen aumenta el juego asociativo y cooperativo; también lo es que la actividad en solitario, la de espectador y el juego en paralelo (incluso el rudo) permanecen.

Por ejemplo, en el proyecto, podemos encontrar un niño de 2 años golpeando objetos en solitario; otro, de 5, construyendo un puente con piezas en solitario; y, otro, de casi 7, jugando solo simulando un batalla con muñequitos. En este caso, 3 niños que están en el mismo tipo de juego (solitario o, incluso, paralelo) están desplegando tipos de conductas distintas y, por tanto, juegos distintos (sensoriomotor, construcción y sociodramático).

En otros casos, por ejemplo, el juego de espectador lo he encontrado en situaciones de aprendizaje, por imitación, en diferentes edades; como si se tratara de una manera de ir reblandeciendo su zona de desarrollo próximo (véase Zona emocional próxima y La coconstrucción de aprendizajes). Incluso, este mismo juego, el de espectaprçoxima dor, lo he detectado en ciertos períodos de adaptación (totales o parciales), de todos los niveles (véase Tres niveles de adaptación), en los que los niños lo usaban para comprender la situación social -reglas, roles, patrones, relaciones, etc.- y servirles como trampolín para lanzarse e incorporarse a la actividad del nuevo grupo.

Yendo un poco más allá, y en actividades que el niño puede vivir con cierta complejidad cognitiva, he observado cierta secuenciación, que valoro como un manera altamente competente de entrar en ciertas actividades, que podría dibujarse de la siguiente manera. A saber: primero se inicia un juego de espectador para, luego, pasar a un juego en paralelo y, finalmente, se da el salto a un juego asociativo y/o cooperativo.

Antes de terminar quiero aprovechar para matizar algo sobre el juego rudo. Si bien es cierto que ciertos autores lo enmarcan dentro de un marco violento; otros, lo consideran, simple y profundamente, como algo lúdico. Según mis observaciones procede esta última clasificación, ya que los niños que participan en el juego rudo (que se da, sobretodo, en edad preoperativa y que, menos, aunque también, en edad operativa) lo hacen voluntariamente y, además, experimentando placer; además, en la mayoría de ocasiones, cuando un participante se lesiona, el resto muestra cierta preocupación. Aunque también quiero apuntar que, algunas veces, las menos, como reza el dicho, juego de manos juego de villanos, este tipo de juego puede desembocar en peleas, a las que debemos poner límites. Constato que estos desenlaces suelen producirse como consecuencia de las conductas de niños con dificultades a la hora de entablar relaciones con sus compañeros. Y que, ello, puede  llevar al resto a rehuirlo e, incluso, a  excluirlo de éste y de otros juegos (véase ¿Quieres jugar? 1/3).

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