Todo lo que aprendí…

Estos días, ha caído en mis manos un texto que leí por vez primera hace unos 20 años. En aquel entonces, yo ya llevaba 3 o 4 años más o menos y de alguna manera vinculado con la educación, pero todavía no había compartido arenal con los menores de 6. El texto, por lo tanto, en aquel momento, aunque yo no lo viviera así, lo leí desde la cabeza, como algo teórico, e incluso, por mi parte, con cierta carga naif. No sería hasta al cabo de 4 años que viviría mi primera y más intensa experiencia con niños y niñas de 2 a 5 años en la ciudad de Estelí en Nicaragua. Y, sin duda, no he acabado de entender lo que significa este maravilloso período de la vida hasta ahora que ya llevo 5 cursos, codo a codo y a corazón abierto, con maestros y maestras de estas edades.

Todo lo que hay que saber lo aprendí en el jardín de infantes es el título de un libro de Robert Fulghum. Y éste que sigue es un extracto del libro que, en formato fotocopia, cayó en mis manos cuando estudiaba Física en la Facultad de Barcelona.

Todo lo que hay que saber sobre cómo vivir y qué hacer y cómo debo ser lo aprendí en el jardín de infantes. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de la universidad, sino allí, en el arenero.

Éstas son las cosas que aprendí:

Compártelo todo.
Juega limpio.
No le pegues a la gente.
Vuelve a poner las cosas donde las encontraste.
Limpia siempre lo que ensucies.
No te lleves lo que no es tuyo.
Pide perdón cuando lastimes a alguien.
Lávate las manos antes de comer.
Las galletitas calientes y la leche fría son buenísimas.
Vive una vida equilibrada, aprende algo y piensa en algo y dibuja y pinta y canta y baila y juega y trabaja cada día un poco.
Duerme la siesta todas las tardes.
Cuando salgas al mundo, ten cuidado con el tráfico, tómate de las manos y no te alejes.
Permanece atento a lo maravilloso. Recuerda la pequeña semilla en el vaso: las raíces bajan, la planta sube y nadie sabe realmente cómo ni por qué, pero todos somos así.
Los peces de colores, los hámsters y los ratones blancos e incluso la pequeña semilla del vaso, todos mueren. Y nosotros también.
Y entonces recuerda una de las primeras palabras que aprendiste, la más grande de todas: ‘Mira!’

Así que todo que necesitas saber está allí en alguna parte. El amor y la higiene básica. La ecología y la política, la igualdad y la vida sana.

Toma cualquiera de estos ítems, tradúcelo en términos adultos sofisticados y aplícalo a tu vida familiar o a tu trabajo, a tu gobierno o a tu mundo, y se mantendrá verdadero, claro y firme. Piensa cuánto mejor sería el mundo si todos -todo el mundo- tomásemos galletitas con leche cada tarde a las tres y después nos acurrucáramos en nuestras mantas par dormir la siesta. O si todos los gobiernos tuviesen como política básica volver siempre a poner las cosas donde las encontraron y limpiar lo que ensuciaron.

Y aún es verdad, no importa cuán viejos seamos, que al salir al mundo es mejor tomarnos de las manos y no alejarnos.

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