Conflictos emocionales

Desgraciadamente, pertenecemos a una cultura que devalúa las emociones. En general, y a pesar de que las cosas están cambiando, se considera que las emociones son una molestia que entorpece a la razón. Y, de esa manera, la racionalidad se considera algo fundamental, y a la emocionalidad se la ve como un escollo.
Según mi criterio, la razón es esencial; y, a la par, también lo es la emocionalidad; todo discurso, toda racionalidad, todo encuentro, toda argumentación, está sustentada por una emocionar, por un deseo.
Así pues, nosotros, en el mundo en el que vivimos, a veces sin quererlo, no sólo restamos valor a nuestras emociones; sino que, además, a menudo, nos vemos envueltos en conflictos emocionales a los que damos respuesta negándolas o controlándolas.

Las emociones pueden mirarse desde muchos ángulos. Ahora y aquí, me apetece ojearlas siguiendo la estela de mi querido Maturana (1928). Según el biólogo chileno, las emociones son disposiciones corporales que especifican, en cada instante, el dominio de acciones en el que podemos movernos. Sin ir más lejos, el otro día, al llegar a casa, me encontré a Menta, la perra que vive con nosotros, con el pelo erizado, las orejas paradas, la cola en alto y ladrando sin parar. De alguna manera, estaba sintiendo miedo, y, situada en esa emoción, en la oscuridad de la noche, su conducta era muy clara: amenazaba sin acometer. Yo, por mi parte, resonando con ella, también sentí miedo. Y, sin duda, alguien que me hubiera visto la cara, todo un poema, lo hubiera podido constatar. Ese miedo me llevó a situarme en una determinada clase de acciones: no hacer ruido, andar con sigilo, mirar a diestra y siniestra, moverme con prudencia, y avanzar en la dirección apuntada por el hocico de mi fiel amiga.

Desde esta óptica, un conflicto emocional lo constituyen una serie de emociones que generan dominios conductuales que se contradicen entre sí. Es decir, por una parte, cada una de las emociones configuran sus particulares clases de conductas; y, por otra, aquéllas que nos traen conflicto nos lo producen porque o bien nos llevan a acciones que se niegan mutuamente, o bien nos empujan a situaciones que nos obligan a oscilar, de una manera desagradable, entre unos haceres y otros.

Generalmente, todo proceso de cambio nos lleva a vivir simultáneamente un conjunto de emociones. Y, sin duda, en el proceso (antes, durante y, a menudo, después de la toma de decisiones), esas emociones que surgen en nosotros acostumbran a ser contradictorias. Y, lo son porque nos sitúan en dominios conductuales que podemos vivir como excluyentes, sin lugares en común: o hago esto, o hago lo otro; o escojo ir, o me quedo donde estoy; o tengo razón o me siento equivocado; o jugamos todos, o rompemos la baraja; etc. A ojos de la razón, nos situamos en el dilema, en la contradicción, en la oposición; y, a sus lomos, somos incapaces, por ser caballo y jinete, de trascenderla e integrarla en algo más grande que, en lugar de desmigajar dicotomías, nos permitiera incluir, sumar, y encontrar algo más profundo y verdadero.

Por mi experiencia, en procesos de cambio, en los que entran en juego conflictos emocionales, nos miramos poco por dentro. En un vano intento por ser racionales, maduros, nos desgastamos argumentando; construyendo castillos de palabras utilizando para ello pros y contras, ventajas e inconvenientes, problemas y oportunidades, ganancias y pérdidas. Y, eso, sin atisbo de duda, pudiera ser fundamental. Pero, a la vez, también es esencial pararnos y mirar las emociones que sustentan todo nuestro diálogo: reconocerlas, darles un espacio, abrazarlas el tiempo que necesiten… Ahora bien, lamentablemente, en estas circunstancias, y si el proceso nos implica a nosotros y a otros a la vez, nuestras argumentaciones acostumbran a servirnos para negar, controlar, esconder nuestros sentires; e, incluso, para no atender a las emociones de los demás.

Así que, en esos momentos, me pregunto: ¿qué necesito?, ¿qué emociones me han llevado hasta el lugar en el que estoy?, ¿cuál es el sentir que aguanta todo mi discurso?, ¿qué emociones estoy ahogando, o negando, con toda mi supuesta racionalidad?, ¿qué me indica mi cuerpo en forma de dolores, tensiones, presiones…?, ¿puedo buscar tiempo y espacio para permitirme estar al lado de todo lo que siento?

La honradez me apremia; el respeto por mí y por el otro me estimula; la autenticidad me impele. En mi trabajo diario, en contacto con niños y niñas, honradez, respeto y autenticidad me llevan a dirigir la mirada hacia dentro de mi mismo. Y, ese proceso centrado en el niño, propuesto por Rogers (1902 – 1987), se transforma en un proceso centrado en el niño y, a la vez, en mi mismo.

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8 respuestas a Conflictos emocionales

  1. Gracias, el tiempo que he dedicado a leer tu post es tiempo que me dedico a mi, a mirarme hacia dentro y de dejarme sentir las emociones presentes en este momento. Ultimamente estoy escuchando demasiado el concepto de emociones negativas y me gustaría aprovechar tu post para recordar la necesidad y la funcionalidad de todas las emociones, sin diferenciar negativas y positivas. Cómo mostrar nuestro amor por un ser querido que nos deja sin tristeza? Cómo saber que es lo que deseamos si no tenemos el enfado cuando nos marcan lo contrario? Gracias Guillem!

  2. edurnebeltz dijo:

    En procesos de cambio se viven emociones muy fuertes y a veces no sabes que hacer con ellas y te sientes mal,me gustaria poderlas integrar como bien dices tú,para no sufrir tanto.

    • Este ser humano es una casa de huéspedes.
      Cada mañana hay recién llegados:

      Una alegría, una depresión, una mezquindad.
      Cierta percepción momentánea constituye
      Un visitante inesperado.

      ¡Acógelos y atiéndelos a todos!
      Aunque se trate de una multitud de penas
      Que arrasen violentamente
      Todos los muebles de tu casa,
      Aún así, trátalos a todos con respeto.
      Puede que te estén aclarando el horizonte
      Para un nuevo deleite.

      A los pensamientos escabrosos, a la vergüenza, a la malicia,
      Recíbelos a todos con risas en la puerta
      E invítalos a pasar.

      Da gracias por quienquiera que llegue
      Porque todos han sido enviados
      De allende, como guías.

      (Rumi)

  3. Pingback: Rupturas y separaciones (2/2) | Ser para educar

  4. teresa dijo:

    A veces cuando se ha producido un cambio muy importante en tu vida…o en la vida de una persona muy cercana a tí. Ese cambio puede afectar a todas las personas que de una u otra forma estaban relacionadas afectiva y emocionalmente con esta persona. He incluso sufrir conflictos entre las personas que anteriormente no había. En algunas ocasiones se aprende de estos conflictos y son superables porque en parte las controlas, las analizas, y encuentras solución. Pero en otras ocasiones la ruptura con la persona con la que tienes el conflicto es inevitable.

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