Desempolvando a Tolstoi (1/2)

Son muchos los pedagogos que no ha pasado a la historia, aunque le hayan aportado mucho a ella. Sin más, y con el humilde objetivo de rendirles un pequeño homenaje, en alguna ocasión, y desde este tribuna, les he querido ofrecer tarima y altavoz (véase Rabindranath Tagore (1/3)). En esta ocasión, quiero rescatar del olvido a L. Tolstoi (1828 – 1910), el gran escritor, pensador y pedagogo ruso.

Más allá de todo lo destacable, y de su gran vocación pacifista (no quiero olvidar que Gandhi leyó sus escritos, se carteó con él, y le manifestó su pleno acuerdo con su programa; que, más adelante, desarrollaría, a su manera, en la India), quiero reivindicar su idea de Amor, como ya es algo acotumbrado en mí (véase Los tres chilenos y el amor). Un amor que, salvando las diferencias y las distancias, al igual que el amor de Maturana (1928), nos da alas para conocer y comprender. Tolstoi, En su novela Guerra y Paz (1869), lo pondría en boca de uno de sus personajes: todo aquello que comprendo, lo comprendo sólo porque amo.

En su Diario personal, más allá de todo ideología, y acunado, de alguna manera, por Rousseau (1712 – 1778), Tolstoi, el 19 de febrero de 1908, escribirá en pro de la importancia y la necesidad de estar en contacto con uno mismo, con el adentro, con aquél lugar en el que uno puede abrirse y estar en relación con el Todo (véase, por ejemplo, El sentido de pertenencia más allá de la vida):

Comprendamos solamente que no es la realización de un programa democrático de anarquistas, socialistas, pacifistas o cualquiera otros, ni de las formulaciones religiosas actuales, lo que podrá liberarnos de nuestros males; porque sólo nos liberará el conocer la verdadera religión en su integridad: aquella verdad presente desde los orígenes hasta hoy, que reside en todo corazón humano, y que ha sido revelada de manera clara, sencilla y convincente en todas las doctrinas más auténticas sobre la vida y de un modo muy claro y cercano a nosotros en las enseñanzas de Cristo. Comprendamos y reconozcamos sólo esta verdad: la verdad según la cual nuestra vida consiste sólo en la manifestación de un amor creciente, un amor incompatible con la violencia. Comprendamos solamente que es en este crecimiento del amor, en cada persona y en toda la humanidad, donde reside la felicidad para todos y para cada uno.

Comprendamos sólo que esto es así tanto en la forma de vivir de cada uno como en la de sus relaciones con los demás, y comprendamos sobre todo que este principio tiene que orientar la educación de las futuras generaciones: que cada persona entienda que no sólo no tiene derecho pero ni siquiera la posibilidad de organizar la vida de los demás; pues es tarea propia de cada persona planificar y responsabilizarse de su propia vida, desarrollando en sí mismo el espíritu de hijo de Dios, y aumentando sobre todo aquello que más le caracteriza, que es el amor. Con lo cual no estoy diciendo que todos los errores de nuestra vida serán de golpe remplazados por la felicidad que el corazón ansía; ya que, mientras perdure el ser humano y la humanidad, este ideal no se quedará en simple sueño, sino que también será eliminada la fuerte y dolorosa tensión entre las aspiraciones del alma y la brutal vida actual, tan mala y empeorando siempre.

El 21 de junio de 1910, escribiría sobre ese amor, antesala de la compasión. Ese amor que, cuando toca al otro, nos permite ser con el otro, sin otro objetivo que el de estar a su lado (véase Estar presente):

Sólo nos es dada una forma de felicidad del todo inalienable, la del amor. Basta con amar y todo es alegría: el cielo, los árboles, uno mismo. Y sin embargo, la gente busca la felicidad en todas partes menos en el amor. Y es precisamente esta forma errónea de búsqueda de felicidad en la riqueza, en el poder, en la fama o en un amor excluyente, la que no sólo no nos da felicidad sino que nos la quita del todo. (Sigue en Desempolvando a Tolstoi (2/2))

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5 respuestas a Desempolvando a Tolstoi (1/2)

  1. ángeles dijo:

    Bravo Guillem, amor, verdad y compasión…Tolstoi me llega al corazón.

    • La verdad es, Ángeles, que para mí, Tolstoi, ha sido un gran re-descubrimiento. No conocía en absoluto la crisis que tuvo alrededor de su 50 cumpleaños; y que, a mi modo de ver, le abrió la puerta a seguir evolucionando y creciendo como persona.

      Un abarzo
      Guillem

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