De la no-directividad a una atención trifocal (1/3)

Voy a atreverme a hacer un poco de historia. Historia actual y reciente. Historia pedagógica de lo que ha sucedido en el proyecto donde trabajo en los últimos 6 años. Pedagógica porque lo que voy a contar versa sobre la manera en como un grupo de adultos hemos probado de extraer fuera aquello que un grupo de niños ya llevaban dentro; y la pedagogía, sin duda, es el arte que se preocupa de este menester.

También, como a veces hace la historia, y con el objetivo de ser concreto y no divagar, voy a huir de querer abarcarlo todo, y me voy a centrar en un solo aspecto de la pedagogía. Voy a dirigir mi análisis retrospectivo a cómo ese grupo de adultos hemos pasado de una relación con la infancia respetuosa y no-directiva, a una relación trifocal con la Vida.

Y para ello, inevitablemente, voy a traspasar la línea. Voy a cometer pecado. Sí, pecado. Pero, pecado, en el sentido en que antaño se le daba a esa palabra. A saber: no dar en el blanco, no ser certero. Y digo no ser certero, porque la historia, cuando se vive es aquello que uno experimenta; y, cuando se escribe, siempre se tergiversa, siempre se difumina con el color del espejo de quien la mira. Y, en este caso, quien la mira es un servidor y, por lo tanto, soy yo mismo que la va a tergiversar y, consecuentemente, quien va a pecar. Y pecaré de obra por haberla experimentado a mi manera; de palabra por haberla escrito a mi gusto; y de omisión por haberme centrado en un aspecto pequeño y minúsculo, y, por lo tanto, haber obviado otros. Pero, además, y por si no fuera ya suficiente desatino, no voy a ir al detalle, no voy a usar mirada de búho que escruta en la noche; sino que, a la manera del vigía que otea el horizonte, voy a hablar de generalidades, de vaguedades, de sombras lejanas. Y esa mirada sesgada por los límites de las gafas de larga vista, seguramente, y como un Don Quijote pasado por agua, me va a llevar a confundir molinos con gigantes.

Pero bueno, dejemos aquí las culpas y los reproches y, sin más preámbulos, demos pistoletazo de salida a esta pequeño ejercicio que ya he censurado antes de haberlo cometido; y del que me he disculpado en demasía por activa y por pasiva.

En el año 2008, un grupo de educadores y de familias dimos el pistoletazo de salida a una gran carrera. En esos momentos, ninguna de las participantes sabíamos cuál era la meta, y mucho menos dónde se encontraba. Muchas de ellas nunca antes habíamos corrido. E, Incluso, y ahí se encontraba la generosa apuesta de todas nosotras, nadie sabíamos si aquéllas que iniciamos la maratón podríamos sacar un provecho particular de nuestros propios esfuerzos. Ahora bien, todas ellas, sin excepción, sin esperar nada a cambio, empezamos a entrelazar esfuerzos, ilusiones e ideas motivadas por el lema que aparecía en el cartel de salida. Rezaba así: una alternativa a la escuela.

Inicialmente, sentimos la necesidad de construir un entorno donde los más pequeños pudieran crecer de manera respetuosa y no-directiva. Así que, durante ese curso escolar, cinco niños de menos de tres años y un equipo de adultos nos reuníamos semanalmente en un espacio más o menos preparado para ese fin. Guiados por mucha teoría, ese primer intento práctico nos sirvió para empezarnos a desnudar de nuestros saberes, de nuestras ideas previas y de nuestros “jamás”.  Y, ya desnudos, fuimos vistiéndonos con las ropas de la incógnita, la incertidumbre y los “todavía”. (Sigue en De la no-directividad a una atención trifocal (2/3))

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13 respuestas a De la no-directividad a una atención trifocal (1/3)

  1. ángeles córodba dijo:

    Yo también quiero pecar!!!!!!
    Con ganas espero las siguientes entradas para comprobar como se desarrolla el pecado de esta gran aventura compartida de una alternativa a la escuela.
    Un abrazo querido Guillem,
    ángeles

    • ¡Cuánto me cuesta, a veces, pecar!
      Y, cuando lo hago, Ángeles, a menudo, la culpa me persigue.
      Implacable y sin reparo, la culpa se mete debajo de las sábanas y se acuesta conmigo…
      Me corroe sin escrúpulos…

      Y, ante ese plan, cuando lo veo venir, me escudo detrás de tres o cuatro párrafos por miedo a a salir del burladero y vérmelas, cara a cara, con ella.

      Y no es es que sea un cobarde… Es que, todavía, estoy demasiado programado…

      Un beso sincero…

  2. Joan Gutiérrez dijo:

    Bona nit Guillem i companyia,

    també de pensament Guillem, també de pensament…

    “Podeu pecar de pensament, paraula, obra o omisió” va dir el capella amb veu de sentència. Aquell Joan tenia sis-set anys i feia cataquesi de la primera comunió. Es clar, Déu ho veu tot, ho sap tot. Déu el gran vigilador i castigador d’aquells infants que gosen pecar!
    En el caparró d’aquell nen apareixen els primers pensaments dignes de pecat mortal i, per tant, amb el càstig d’un infern etern on s’hi produeixen les pitjors tortures imaginables…
    Pensaments silenciosos grabats en foc: cagun Déu, cagun Déu, cagun Déu, … ah!, ningú ho veu, ningú ho sent, ningú ho percep… només Déu, Cagun Déu! Com a molt la mare diu; Joanet, què et passa, que penses en les mussaranyes?. No, res mare, no és res. Res. El buit. Res. Cagun Déu. Vergonya. Por, molta por. Per on collons vindrà aquest càstig terrible?!!! Quan serà?!!!

    quantes vegades utilitzem l’autoritat des de la por? Quantes vegades, subtilment, fem ús d’aquestes artimanyes amb els infants? Quin és el preu?. Com s’adapta un infant al seu entorn per suportar una càrregar de por i vergonya com aquesta?. Quantes capes ha de posar damunt seu per enterrar-ho?. Com re-connectar després amb aquella essència enterrada?

    La nostra família va entrar en aquest projecte perquè des del primer dia vam olorar que aquí no es posaven capes de terra sobre les emocions dels infants. Que aquí ningú utilitzava la por, per imposar uns límits, o aconseguir una “obediència! o demostrar una autoritat. Que no hi havien unes expectatives de com havien de ser els infants i què havien de fer en cada moment. I sobretot, perque existien, i existeixen, molts dubtes i moltes incerteses, i perquè no tenim ni idea d’on ens condueix aquest viatge!. Per això, i perquè és un grup humà del que aprenem constantment. Perquè no es dóna res per suposat. I perquè és un procés dolorós. Perquè aquí els deures a casa se’ls emporten els pares i no els infants. Perquè quan un nen plora, riu, pega, és insultat, està concentrat, o cau, o el que sigui, (com tots els infants d’aquí i de la Xina) l’atenció de l’adult que acompanya aquest procés es posa en el que passa en aquell moment, tant si és per posar un límit, com si és simplement per estar present, o jugar plegats. I en el moment, no hi ha prejudicis, ni apriorístics, i el que importa és l’infant i les circunstàncies que l’envolten, i com si relacionen els altres infants i els adults que acompanyen en aquell moment. I axiò és un art en múltiples direccions.

    Cagun el Guillem!

    Salut!

    Joan

    • Quin lapsus, oi?
      També de pensament…
      Moltes gràcies pel teu comentari, Joan

      La por. Quina eina, no?
      No la por al servei de la vida; sinó la por inculcada, irracional…
      Encara, ara, aquesta por en pro del control m’envaeix tot el cos, m’ennuega, em fa tremolar com una fulla…

      Aquests dies l’he tornada a sentir, i encara m’escarrifa el pensar-hi.
      Fa uns moments li deia a l’Ángeles que, a voltes, dormo amb la culpa; però aquests dies ho he fet amb la seva germana gran: la por.

      • aihssss, qué buena pareja hacen el miedo y la culpa!
        Guillem para el miedo: una dosis de amor acompañada de compasión con una pizca de paciencia, valentía, desapego, observación y por si la dosis del principio se ha quedado corta, más amor del “me quiero”. Remover delicadamente y verter en una taza para saborear a sorbitos antes de irse a dormir.

        ángeles con miedos a ratos.

  3. Pingback: De la no-directividad a una atención trifocal (2/3) | Ser para educar

  4. Laura dijo:

    ¡Qué bueno saber la historia y saber de la historia!
    ¡Qué arriesgado escribir la historia!

    Este post, y los que le van a seguir, me parece interesante por muchos motivos; pero por uno en especial: para que otros puedan aprender de “vuestra historia” y llevar a cabo, a su manera, sus propios sueños…

    gracias…

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