La no-directividad y yo (2/3)

(Viene de La no-directividad y yo (1/3)) En esa primera época, en lugar de dejarme sentir, en lugar de dejarme guiar por ese miedo, lo que hacía era huir de él. Y, en beneficio de un supuesto ideal (la no-directividad), alejarme del miedo me llevaba a estar/ser pasivo (incluso, a veces, evitaba intervenir). Y, matizo, no un pasivo consciente y constructivo (véase wu- wei), sino un pasivo por estar subyugado por una idea. No de casualidad, cayó en mis manos el tremendo libro de Guillermo Borja (1951 – 1995), La locura lo cura (1995), y, entre otras cosa (véase Acompañar tocando y Represión y límites), me explotó en la cara uno de sus pasajes. En él, nos cuenta que fue invitado a trabajar en un centro de enfermos psiquiátricos. Lo describe así:

Era un edificio abandonado con 72 psicóticos, desnudos, con infecciones en el cuerpo, no tenían tratamiento psiquiátrico, y los pocos medicamentos que tenían los vendían a los otros presos (lo que me parecía muy sano, que no se tomaran esas porquerías). Y andaban perambulando por todo el penal desnudos, la población los violaba, los usaba, los ponía a lavar la ropa, no tenían protección de los custodios; los médicos no iban, el área de psicología tenía miedo, y ese edificio era el que tenía más alto índice de violencia, de suicidios y muertes, En cada celda, que es para una persona, vivían cuatro. No había agua. Todo el edificio estaba pintado con excremento. Entonces, cuando yo vi eso, dije: ¡Madre María purísima! ¿Qué es esto? Era un manicomio del siglo XVI, lo único que no se aplicaba ahí era los electro-shocks, porque no había. Cuando llegué no había vidrios, era un cosa horrorosa.

Viendo lo visto, su cuerpo se colmó de miedo:

Cuando vi como estaba, eso me senté en la puerta en una situación de desconcierto. Y ¿Qué voy a hacer yo aquí? ¿Qué se hace? Y me senté un mes en la puerta, y dije: no entro hasta que se me quite el miedo. A trabajar el miedo. Y un mes me tarde. Cuando entré, yo tenía, al principio, mucho miedo de que me asesinaran. Los locos no tienen ese tipo de inhibiciones.

Y, luego añadirá:

El miedo nunca se quita. La cobardía si. La cobardía es miedo al miedo. Entonces, hay que ir con miedo, pues es una brújula que indica el camino correcto.

Vivir el miedo el tiempo suficiente como para sacar de él todo aquello que ha venido a traerme ha sido un duro y doloroso aprendizaje. Permitirme sentir el miedo, dejarlo ser y estar dentro de mí. Escucharlo. Mirarme a mí mismo. Estar conmigo mismo. Permitirme ser más auténtico (véase La Autenticidad). Buscar esa autenticidad tan rogeriana: por un lado, un equilibrio intrapersonal y, así, integrar mi experiencia con mi conciencia; y, por otro, un equilibrio interpersonal y, así, armonizar conciencia y comunicación.

Permitidme, ahora, concretar brevemente unos cuantos de mis descubrimientos:

  1. He aprendido que puedo ser respetuoso y, al mismo, tiempo influiren los niños. Influir en los niños no quiere decir sugerir modelos para orientarlos; pero sí quiere decir indicarles normas de conducta.

  2. He aprendido que es útil acompañar activamente al niño para que tome sus propias decisiones constructivas. Decisiones constructivas y éticas; es decir, que sean útiles (eficaces, eficientes y elegantes), seguras y agradables para él, para los otros y para el entorno.

  3. He aprendido que no quiero “dejar hacer a los niños”. No quiero dejar curso libre a cualquiera de sus acciones. La no-directividad, abrazada por la consideración positiva del niño, se dirige a su mundo interno, a su Ser; y no a su conducta, a su Hacer. La Identidad requiere de consideración positiva; la conducta necesita, a veces, de límites firmes y claros.

  4. He aprendido a involucrarme activa y profundamente con los niños; ya que de esa interacción emerge el aprendizaje. Y, el arte se encuentra en manejar la calidad, el tipo y el nivel de esa acción para que no se torne invasiva y le permita al niño ser él mismo.

  5. He aprendido que el niño no siempre encuentra dentro de sí mismo los recursos que requiere para manejar la realidad que está viviendo. O bien, porque ha carecido de experiencias en donde esos recursos se han creado y, por lo tanto, no los tiene; o bien, porque tiene su atención puesta en otro lugar y, consecuentemente, no los encuentra y es incapaz de conectar con ellos. En el primer caso, es útil generar experiencias para que el niño pueda crear los recursos de los que no dispone; en el segundo, acompañarle activamente para que dirija su atención hacia el lugar en donde se encuentran. (Sigue en La no-directividad y yo (3/3))

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12 respuestas a La no-directividad y yo (2/3)

  1. Pingback: La no-directividad y yo (1/3) | Ser para educar

  2. mar dijo:

    Hola Guillem. Espero que tú y tu familia estéis teniendo un hermoso agosto.
    Me llega esta nueva entrada como una sincronicidad rotunda en mi proceso vital. Me alegra saber que mis miedos son brújula y un buen anclaje para el aprendizaje y gnosis (no en el sentido de conocimiento racional y científico, sino en el correspondiente al obtenido por la experiencia y la observación, el conocimiento que es intuición para conocerse a uno mismo). Y me alegra, también, y me alivia saber que es cobardía lo que tengo y que puede quitarse con un trabajo de amor.
    Gracias, Guillem, por compartir tus aprendizajes de amor.
    Mar

  3. Guillem, fantástico post, felicidades por tu manera de escribir, por saber llegar a cada individuo de esta manera tan sutil, removiendo los pensamientos y haciendo. que aprendamos un poco más de la enseñanza

  4. isabel dijo:

    Quins bons descubriments els teus!!!

  5. Maria Magarolas dijo:

    Me han encantado las cinco últimas entradas al bloc. Son un recorrido por la historia y por tu historia de la no-directividad. Es un laborioso y bonito camino del que creo que debeis estar muy orgullosos todos los que os sentís involucrados en él de una manera directa. A seguir creciendo!!
    Una abraçada
    Maria

  6. Pingback: La no-directividad y yo (3/3) | Ser para educar

  7. PILAR dijo:

    Mil gracias por tus “compartires”, tus reflexiones, tus búsquedas, tus proqués…me acercan tanto a lo que siento! me conectan tanto a lo que dudo…que me ayudan mucho y me acompañan en el camino…
    Gracias y buen inicio de “curso”.

    Un abrazo

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