Simplemente… ser

La mañana se levanta fresca o, al menos, yo la siento así. En el trayecto que separa mi casa del proyecto, intento sentir y ser consciente de mi respiración. Nada más y…nada menos.

Al llegar, el espacio me acoge y unos calurosos abrazos me dan la bienvenida. Casi sin pensarlo, me quito la ligera chaqueta y me quedo en maga corta al abrigo de los almendros. Mis pulmones se llenan de aire y mi espíritu, de alguna manera, se ensancha.

Poco a poco, los pequeños van llegando. Niños y niñas de menos de tres años van entrando acompañados de padres y madres. Los miro. Me miran. Me miro.

Me quedo extasiado ante sus ojos. Si tuviera que destacar alguna cosa, sin duda, destacaría su inocencia y espontaneidad. Esa deliciosa incapacidad de esconderse detrás de una máscara. Esa maravillosa incapacidad de no ser lo que son. Y ya.

Los niños con los que comparto las mañanas son como el resto de la naturaleza. Los almendros que guardan nuestro patio son almendros; los perros del payés que nos alquila el terreno son perros; la luna que, a veces, despistada o entretenida, comparte cielo con el sol de la mañana es luna; las flores que tapizan la linde del arenal son flores. Sólo los adultos de nuestra especie somos capaces de ser una cosa y fingir otra. Y, en eso, soy un experto.

A mi lado, rastrillo en mano, uno, llena y vacía, tranquilo, un cubo de arena. Allá, otra, corre desatando una desbordante alegría. Más lejos, otro, grita con rugido feroz. Cerca de la valla, de la mano, son tres, él y ellas, que, acompañados por sendos miedos miran un perro dormitar. En el regazo de mamá, el más pequeñín, llora por un rasguño en la pierna. Y, lo que son, todos y cada uno de ello, no es bueno ni malo. Simplemente, es.

Los niños con los que comparto las mañanas son como el resto de la naturaleza. El volcán en erupción, estruendo y llamas, no es bueno ni malo; simplemente, es. El río, plácido, que parece dormir en un recodo, no es bueno ni malo; simplemente, es. El viento huracanado, locura desatada, no es bueno ni malo; simplemente, es. Las hormigas, afanosas y discretas, no son buenas ni malas; simplemente, son. Sólo los adultos de nuestra especie somos capaces de significar como bueno o malo algo que simplemente es. Y, en eso, soy un experto.

El cubo parece de nadie. Está tirado en una esquina del arenal. De repente, una mano, pequeña y firme, lo agarra con fuerza. Y, casi a la vez, de la esquina opuesta, corre veloz un grito: ¡Es mío! Los pies de la voz se acercan rápido; la mano de la voz quiere arrancarle de cuajo, al otro, el preciado cubo. Y, milésimas después, otras manos, las mías, entran en juego. Mis manos y mi voz se unen al dúo, queriendo sostener el conjunto. Firme y tranquilo, casi amoroso, pongo un límite: ¡Así, no!

Las cosas no son buenas o malas, sino oportunas o inoportunas según las circunstancias. Y, las circunstancias las construimos, en la convivencia, los seres humanos.

Siento que el arte de educar está relacionado con aprender a encauzar esas energías primitivas, naturales, inocentes, espontáneas. Encauzarlas para que puedan Ser ellas mismas, entrelazándose con otras que, en el convivir, también pretenden Ser. Encauzarlas sin reprimirlas, sin ahogarlas, sin secarlas, sin ensuciarlas… Y, eso, tal vez, y entre otras cosas, tiene que ver con crear y cuidar las circunstancias (físicas, emocionales, cognitivas), preparar y proteger los ambientes (físicamente, emocionalmente, cognitivamente), poner límites (firmes y amoroso) a las conductas inapropiadas, mirar afuera y adentro de uno mismo, ver e incluir a la familia… y, todo ello, sin dejar de mirar y salvaguardar esa parte del niño y la niña que, simplemente, Es.

Y, será que, cuando me miro a mí, como adulto, me veo ahogado, seco y sucio. Y, será que, en el proceso, en ese camino que va desde mi infancia hacía mi adultez, ha habido algo que se ha cerrado, ha habido algo que he perdido. Y, ahí estoy, acompañando el proceso de esos niños y niñas. Y, ahí, simplemente, me siento un ciego acompañando a un grupo de niños y niñas cargadas de luz.

Esta entrada fue publicada en Acompañar procesos, Felicidad. Guarda el enlace permanente.

11 respuestas a Simplemente… ser

  1. Nunca es tarde para limpiarse,abrir los ojos y observar,aunque sea con unas gafas de sol la cegadora luz que seguro siempre nos puede enseñar algo. Y en enseñar eres un experto. Abrir los ojos es cuestión de voluntad y fuerza. Y, en eso, hay que ser un experto.

    • Esta semana, he compartido tres mañanas muy intensas con Marc.
      De vez en cuando, con él, me he reído a carcajada limpia; otras veces, las lágrimas me han resbalado por las mejillas. Ahora bien, siempre, con él, he sentido la vida fluir dentro de mí. Noto el aire fresco de la mañana en mi piel, y siento los pies bien pegados al suelo…

      Sinceramente, quiero deciros que Marc, con sus dos añitos, es uno de mis grandes maestros.
      A él, mil gracias
      Un abrazo bien fuerte

  2. ángeles dijo:

    Querido Guillem,
    Buenos y hermoso día, que es como lo siento hoy. Leerte es un regalo para mis sentidos. Así me llega.
    Alguien que habla de inocencia y espontaneidad, de simplemente Ser, de ser (o intentar ser) consciente de su respiración, ¿cómo se puedo ver ahogado seco y sucio?. No te parece que si algo perdiste en el tránsito de tu infancia a tu adultez, ¿ya lo estás recuperando?. Qué gran oportunidad la de esos niños que te permiten acompañarlos como ciego. ¿No te parece un regalo maravilloso que te coloca a las puertas de la luz?
    Te escribo estas palabras porque creo comprender lo que sientes, porque hablando de tí, es como si describieras una parte de mí y sobretodo porque me siento reflejada en la valentía del que expresa y comparte y hoy te-me siento Valiente.
    Gracias,
    ángeles

    • Querida y añorada Ángeles,
      te leo y siento tu abrazo.

      Agradezco un montón tu palabras, tu sinceridad, tu fuerza y tu calor.
      Agradezco tu manera de mirarme, tu dulzura, tu esperanza y tu autenticidad.

      Un gran abrazo
      Guillem

  3. Hola Guillem,
    hay dias en que necesito irme solo a la montaña y caminar, a veces incluso, lo prefiero, sobretodo, cuando el sol se esconde, casi de noche, para poder encontrarme conmigo mismo en soledad y acompañado por la naturaleza. Es la manera que siento con más fuerza mi energía primitiva, una energía que mezclada con los valores que he recibido de mi familia, se convierten en fuerza; en fuerza porque los valores que mis padres me dieron no son dogmas, ni verdades absolutas, sino formas con las que lidiar con lo más natural de nosotros mismos. Intento, últimamente, no dejarme llevar por lo mecanismos de supervivencia, por formas de superar el dolor (he probado muchas cosas y no lo consigo!!!) y me rindo a lo que soy (como puedo), y me veo tanto humano como animal. Es raro, dificil de explicar, porque en mi costumbre de mostrarme al mundo se que no soy yo mismo, y encuentro a personas que me dicen que sufro mucho y que tendría que superar ese sufrimiento, y personas que entienden que sufra y que empatizan con ese sufrir, incluso lo comprenden, ese sufrir que tienen que ver, en el fondo, al menos yo lo creo, con una frustración y una rebeldía por lo que encuentro muchas veces articicial, deshonesto, enmascarado y personal (y tengo que respetarlo!!! lo sé). Yo también creo que soy un experto en aparentar lo que no soy. Que suerte que puedas estar en este proyecto.
    Un abrazo,
    Juanma

    • Juanma,
      como siemprre,
      tus palabras son un reflejo de la vida misma.

      Me llega, al leerte, la vida en su totalidad. La alegría y la tristeza, la dureza y la ternura, el gozo y el sufrimiento.

      Agradezco tus palabras, como siempre, y agradezco, también, tu saber estar y ser.

      Te siento cerca; siempre respetuoso, siempre comprensivo.

      Gracias, de todo corazón
      Un abrazo
      Guillem

  4. mimisqui dijo:

    muy lindas palabras, es la primera vez que entro en esta pagina, definitivamente esta sera la primera de muchas, suerte!!!

  5. Pingback: Ser para educar

  6. Pingback: De niño a niño interior, o cómo el trabajo con niños puede ser una segunda oportunidad(1/4) | Ser para educar

  7. Pingback: La mirada de la gata (2/2) | Ser para educar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s