La calma, embajadora de la ternura

Le oigo de lejos. Jan, de 7 años, llora, reniega, abomina. Se pelea consigo mismo. Entre sus manos, unas tijeras buscan el mejor camino para recortar una tela. Su rabia le impide encontrar la vía, el sendero. La prisa, que grita por todo su cuerpo, tensa sus músculos. La prisa, exigencia deleznable, disfrazada de aliada, no deja de repudiarlo. Él, ebrio de sí mismo, no se da cuenta; y, esa misma inconsciencia es causa y consecuencia de su perdición. Lentamente, me acerco. Le abrazo, le contengo. Suavemente, la hablo; y acompaño el sonido de mis palabras con el ritmo de mis manos (véase Acompañar tocando). Le acaricio, con mimo. Poco a poco, esa parte que lo poseía y lo estaba gobernando, cual déspota despiadado, va batiéndose en retirada. A medida que mi ternura lo traspasa, su prisa marcha con brío; desaparece, se esfuma. Después de la tempestad llega la calma y, en ella, sus manos encuentran el camino para esas tijeras; y la tela, entregada por completo, se va abriendo a su paso.

Rof Carballo (1905 – 1994) nos invita a la ternura. En su magnífico libro Violencia y Ternura nos habla de esa ternura que es, ante todo, adaptación a un ritmo lento y, a la par, abundante, dentro de la cual eclosiona la Vida. La ternura es, fundamentalmente, desdén del tiempo, olvido de la prisa.

En una mañana cualquiera, en el trabajo, de repente, salvando la inconsciencia, me descubro apresurado. Sin más, me noto abducido por la prisa, hipnotizado por ella. Esa prisa que, a menudo, es violencia; violencia hacia mí mismo. Me la reconozco. Prisa que me impide tocarme, sentirme, pensarme. Prisa que me pasa por alto, me abandona, me deja atrás. Prisa que me uniformiza; que se pierde mis relieves, mis rugosidades. La prisa… me viola; pasa por sobre de mí, me atropella. Traga sin saborear, engulle sin masticar. La prisa, a la que se le caen los detalles por el camino, ambiciona la llegada; la prisa de la liebre de Esopo: arrogante, soberbia… Entonces, respiro. Respiro. Respiro. Y, otra vez, respiro. Ralentizo mis pasos y los acompaso con un respirar más calmado, más conectado. Poco a poco, la prisa va dejando espacio a la calma; me voy despojando de la violencia y, sin premura, me voy vistiendo con los ropajes de la ternura.

Ternura que se muestra absolutamente en la caricia. En la caricia, necesariamente lenta, el tiempo queda suspendido. La mano que acaricia, insiste Rof Carballo, olvidada del tiempo, de su transcurrir, parece esperar que algo se entreabra y despliegue. Esa caricia, a compás con la entrada y la salida del aire, es una metáfora de la espera; aguardar a que las cosas, la Vida, se revelen en su esencia, y de ahí su lento respeto, su confianza. Maturana (1928) afirma que esa caricia, ataño, fue, probablemente, el origen y la causa de lo humano (Véase ¿5 hitos en la evolución del hombre?)

La caricia, si es apresurada, niega toda ternura. Si la ternura se atropella muestra toda su falsedad. También en el hablar la prisa me desconecta de mí mismo; me aleja de mi esencia, obstaculiza mi propia verdad. La prisa desconecta mi pensar de mi sentir; y, ni que decir tiene, obliga a mi hacer a navegar sin rumbo, sin concierto, sin sentido.

Evoca la ternura una sosegada espera, al mismo tiempo que una seguridad tranquila. La ternura que abona el crecimiento. Lejos de la prisa, la ternura, y su embajadora la caricia, son el eco perfecto de la vida que se va desarrollando. La caricia, sentida, da la confianza de nacer de aquello con lo que la vida surge.

Noa, de 4 años, se cae. Rápidamente, el llanto aparece y la desborda. Se me acerca corriendo en busca de consuelo. Le doy ternura, en un abrazo total. En mi ternura y en la caricia que le entrego, mi intención se funde con la vida, con su tiempo calmoso y lento. Mi caricia le calma el dolor del golpe mejor que ningún analgésico. Mi caricia, mi cuerpo, sabe de antemano aquello que viene: que la herida y el daño arrastrados por el fluir de la vida van a ser reparados. Esa expectativa de la caricia, cual profecía autocumplidora, suaviza. Esa ternura, función amparadora, ingrediente imprescindible de lo que D. Winnicott (1896 – 1971) bautizó como madre suficientemente buena (véase Acompañar tocando). Esa ternura que no sólo calma y tranquiliza, sino que, también, y a la vez, sostiene y contiene. Esa ternura, que colmando todo mi cuerpo, lo usa cual vehículo. Mi ternura y mi cuerpo, contenido y contenedor, abrazan a Noa y, en un cuerpo a cuerpo, y desde el cuerpo, la contienen a ella y sostienen su sentir. Mis palabras, danzando al son de mi corporalidad, precisas, anotan lo que sucede y describen lacónicamente el momento: “Te has caído. Eso duele. Te abrazo y, poco a poco, te vas sintiendo mejor”. Mi ternura retorna la tranquilidad y el confort al corazón de Noa; y es a través de ella, acompañada acertadamente por mis palabras, que Noa ha llegado a tener conciencia, a reconocer, y a dar nombre a sus emociones.

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8 respuestas a La calma, embajadora de la ternura

  1. Pilar dijo:

    Increíblement tendre…em sento abraçada.

    • Pilar,
      qué bé que em parlis d’abraçades.

      Perquè, cada cop crec més fermament, que el gran secret és aprendre a abraçar-nos a nosaltres mateixos, oi?

      Una abraçada
      Guillem

  2. ostres, t’ha sortit rodó. m’encanta. gràcies per fer-nos recordar la importància de la calma. una abraçada dolça ! Judith

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  5. Para el filósofo Kant es necesario/llama/se busca la adecuada percepción y juegos de la razón para allegarnos/atenernos/estar bien en el mundo. ¿Y para allegarnos al mundo humano? Con amabilidad dejamos el mensaje cristiano del prójimo. Pero tuvimos que esperar la época del psicologismo. Una de sus expresiones: los estudios de Juan Rof Carballo sobre contenidos y dinámicas del alma humana. Sólo el bien gestado,, acogido y amado se desarrolla creativamente enel mundo. ¿El camino?¿la modalidad de estar en esto? La ternura, el gesto amoroso, la sensibilidad del bien del otro, la gentileza, la voluntad de bien, la abnegación, el sacrificio por el bienestar del otro. Es decir, expresarnos con lo que más nos humaniza, atendiendo al otro, sin prisas, sin apuros de retiro, sin falsificar una atención, sin mentiras, sin engaños, sin violencias, sin intromisión de terceros, sin ocultarse tras la puerta, sin meter otros hijos al matrimoinio, sin cambiar a las criaturas de noche en las maternidades de pobres, sin quebrar bondades y honestidades con falsas doctrinas. Acercarse con bondad ydesprendiemiento, acompañar en el camino al fatigado, dar divertimento de narraciones al ciego, cumplir con la norma: NO HAGAS A OTRO LO QUE NO QUEIRAS QUE HAGAN CONTIGO. Así como en una vida compartida de su intimidad nace la unión sexual plena, del acompañamiento a otro se extiendo un trato insuperable desde la gentileza y trato tierno. Buscar altura y dignidad humana desde el cultivode nuestra sensibilidad para el bienestar con otros y desplegar nuestras fuerzas creativas. Y todo para atender la vida, la vida humana expresanda en sus noblezas y bondades, en sub calidez y ternura. Gracias por su atención. eduardo acosta najarro chorrillos lima peru-07032015-012r4.

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