¿Es posible el cambio?

En una entrevista en La Vanguardia, del 17 de noviembre de 1961, Manuel del Arco (1909 – 1971) le pregunta a Salvatore Quasimodo (1901 – 1968), poeta, siciliano y premio nobel de literatura del año 1959, si inspira más el dolor que la alegría; a lo que Quasimodo responde que la inspiración, en general, para un poeta es un momento de cólera. Del Arco, continúa la conversación con la siguiente cuestión: ¿ha tenido usted muchos momentos de inspiración? Y, ahí, el poeta siciliano responde:

Sí; pero cólera no hacia fuera, sino interna. La lucha del hombre consigo mismo viene del hecho, no de que no se es lo que quisiera ser, sino que no se es lo que podría ser.

Y me parece magnífica la respuesta. Aquello que podríamos llegar a ser (aquello que somos en esencia, añado) y no somos a causa, diría Reich (1897 – 1957), de la coraza que nos oprime, nos encorseta, nos limita. Una coraza que empezamos a construirnos desde nuestra más tierna infancia. Una coraza que, durante un tiempo, nos es útil y necesaria, pero que, ahora, una vez nos damos cuenta que la llevamos a cuestas, nos puede resultar incómoda, pesada e, incluso, dolosa; un cargamento de añagazas para poder sobrevivir.

Nuestra coraza muscular: el anclaje somático de la neurosis. Podemos decir que toda nuestra historia está esculpida en nuestra musculatura, en nuestro cuerpo. Nuestro carácter, mecanismo de protección y de supervivencia, originado en nuestra infancia, encuentra su contraparte orgánica en el cuerpo. El cuerpo, en forma de armadura, representa la suma de todas nuestras fuerzas defensivas. El cuerpo que, a medida que recibimos golpes del exterior, a medida que necesitamos protegernos del entorno hostil, deja de ser santuario somático, y se torna búnker; fortín desde donde nos defendemos del mundo y sus agresiones. Así, el cuerpo, atenazado, acorazado, se va construyendo, a la par que lo hace nuestro carácter, como un refugio a las amenazas del exterior. Las funciones de esa coraza pasan a ser las siguientes: disminuir la sensibilidad (tanto al placer como al dolor), reprimir la excitación (sexual, angustia, agresión), expresar desequilibrios (psíquicos, vegetativos y motores), y reprimir los impulsos expresivos (llanto, rabia, miedo, etc.). Y, de esa manera, dejamos de ser lo que somos y pasamos a ser una pobre versión de nosotros mismos. Y, ahí, la rabia de Quasimodo, tal y como yo la leo: por no ser lo que podemos ser; es decir, por no ser lo que verdaderamente somos.

Y, realmente, después de tantos años siendo una réplica barata de lo que realmente somos, ¿podemos llegar a cambiar?, me pregunto. ¿Podemos desnudarnos, quitarnos esa cota de mallas que nos encarcela el alma? ¿Podemos llegar a ser lo que verdaderamente somos? ¿Podemos subirnos a lomos del burro, montarlo, y dirigirlo hacia donde deseamos? Baricco (1958), en su novela Tres veces al amanecer (2012), escéptico respecto a las opciones de cambio, nos recuerda: […] como uno es de niño lo será durante toda la vida […] Y, más adelante, insiste: […] la luz en la que se habita de joven será la luz en la que se va a vivir para siempre […] Y, para acabar, se pregunta: […] existe una posibilidad, un sola, de volver a mirar a lo lejos cuando delante siempre tenemos, todos, alguna ruina echando humo […].

En cambio, el gran G.Bateson (1904 – 1980), más optimista al respecto, define el concepto de niveles lógicos (referido al aprendizaje y al cambio) basándose en los trabajos de B. Russell (1872 – 1970) en lógica y matemática. Bateson planteó que el aprendizaje (véase Métodos blandos o duros (2ª parte)) y el cambio tienen una cierta jerarquía (de 0 a III); y que, en función del nivel que se maneje, el cambio es más o menos profundo. Así, a remolque de Bateson, R. Dilts (1955) bautiza los diferentes niveles de cambio y les otorga jerarquía: el cambio remediativo sería el que afecta al entorno o a la conducta; el generativo, afecta a las habilidades (cognitivas, emocionales o motoras) o a las creencias; y el evolutivo, afecta a la identidad o a lo transpersonal. Y yo me pregunto: ¿sería el cambio que nos despoja de la carga de lo accesorio para quedarnos con la esencia un cambio que iría más allá de la identidad?, ¿sería este tipo de cambio una mezcla de los tres niveles de cambio planteados por Bateson? ¿encuentra lugar este tipo de cambio dentro de la estructura batesoniana?

Y, la educación, en voz del poeta griego Hesíodo, contemporaneo de Homero -s VIII aC-, consiste en ayudar a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser (véase Carta a favor de la autonomía); a ser lo que puede ser, en voz del poeta siciliano Quasimodo.

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11 respuestas a ¿Es posible el cambio?

  1. Maria Antonieta Mujica dijo:

    Estimado Guillem, que bellos tus posts!! Siempre me invitan a reflexionar y a mirar mas allá… Hace mas de un año que miro mas allá a mis hijos y a mi misma, me he tomado el tiempo de dejar la voragine laboral y de cuidarnos más… Los niños nos conectan a nosotros mismos mas que cualquier psicoanalisis!! Asi que aqui estoy alumbrando mis sombras, re-conociendome e intentando criarlos con tiempo y respeto. Gracias por la luz en tus palabras!!

  2. Pilar dijo:

    Que interesante reflexión Guillem! Estoy pensando… soy la que siempre he sido?, lo que siempre he sentido? en el fondo pienso que si, pero que además el ser se va adornando, poniéndose capas y intentando deshacerse de ellas a la vez, es como estar en un vestuario donde toda una multitud espera que salgas y desea decirte lo que te queda bien y lo que no…y mientras tanto yo…intentando ser yo misma…y probando a la vez ser alguien mejor…
    Y los hijos, y los niños…que decir de ellos! revuelven toda tu ropa y siempre encuentran prendas escondidas en tu fondo de armario!
    Gracias por la reflexión!

  3. Laura dijo:

    Me quedo con la siguiente pregunta:

    ¿Será posible el cambio hacia el “yo” después de tantos años funcionando como unos “no-yo”?

    Gracias, Guillem, por la reflexión.
    Un abrazo
    Laura

  4. Sebas dijo:

    Me preguntaba qué sucedería si, durante el proceso de cambio, te vas dando cuenta que tu vida la has ido montado sobre una especie de “mentira”. ¿Cómo afrontas eso? ¿De qué manera afectaría eso a las personas de tu alrededor?

    • Por mi parte, puedo decirte que, primero, con mucho dolor y desconcierto. Y, segundo, con mucha incertidumbre y pesadez.
      Quiero añadir que me gustaría poder verme con más cariño y aceptación.

  5. Ángeles Córdoba Murcia dijo:

    Mi intuición experiencial me dice que Sí es posible el cambio, ententiendo por el cambio, recuperar la esencia de quiénes somos.
    Hace tiempo leí un librito “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher, que ilustra el proceso de soltar esa coraza que nos oprime, nos encorseta y nos limita, tal y como bien explicas Guillem. Me da que, el proceso, porque es un proceso, de soltar la coraza, es el camino del cambio.
    Muchas Gracias Guillem por compartir tus inquietudes,
    ángeles

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