Procesos de lectura y escritura (1/3)

Haciendo acopio de la experiencia acumulada en los últimos 7 años, en el proyecto Submarí Lila, me decido a ordenar y a escribir las ideas que he ido construyendo acerca de cómo se dan los aprendizajes naturales (usando una terminología con sabor a Freinet (1896 – 1966)) de los procesos de lectura y escritura. Sé que, a principios de año, ya escribí al respecto. Y, si entonces hice hincapié en lo que hace un niño en su proceso de aprender a leer (véase Lectura natural 1/2)), y en algunas observaciones generales (véase Lectura natural (2/2)); esta vez, voy a intentar matizar el cómo.

La experiencia de estos últimos años me confirma que ser vivo y entorno están en relación dinámica; establecen una suerte de codependencia, en el sentido que le da a esa palabra Francisco Varela (1946 – 2001). Y, por lo que he visto, en los procesos de lectura – escritura no se da de otra manera. Por ejemplo, en los aprendizajes del proceso lector que he podido acompañar, el niño se sitúa frente al texto (letra, palabra o frase) y la interacción niño – elementos provoca que emerjan, en el niño, diferentes expectativas a distintos niveles (letras, palabras, frases), de manera que aquello que se procesa en cada nivel (por ejemplo, una letra) sirve de subsiguiente elemento para dar significado al nivel siguiente (por ejemplo, a la palabra). Ahora bien, al mismo tiempo que se da este proceso ascendente de construcción de significado, la interacción niño – texto también genera expectativas a nivel de significado global, y, éstas, cuál brújula de velero, guían el proceso lector y buscan su confirmación en indicadores de nivel más bajo (por ejemplo, en palabras, o en la coordinación entre palabras para formar frases y expresar conceptos). De esta manera, creo, el niño usa, a la vez, en esa interacción niño – elemento – texto, su propio conocimiento del texto y su conocimiento del mundo para construir el significado de aquél. Así pues, según lo observado, el niño procesa activamente el texto, y en esa relación circular, recursiva y recurrente, niño – elementos – texto, construye la comprensión del texto y, a su vez, autoevalúa esa misma comprensión.

Y, eso, ¿cuándo se da? ¿Cuándo se inicia, de manera natural (siempre dentro de un entorno sociocultural), ese proceso que llevará al niño a hacerse progresivamente con la lectura y la escritura? De momento, el número de casos que he estudiado son pocos (no llegan a 15); pero, si limito mi estudio al conocimiento del funcionamiento del código alfabético, puedo afirmar que, por el momento, la mayoría de los niños y niñas con los que he trabajado lo adquieren entre los 4 y los 8 años de edad. Es decir, los niños y niñas empiezan a manifestar cierto interés por las letras alrededor de los 3 o 4 años, y van desplegando ese interés –con idas y venidas, acelerones y paradas– durante, aproximadamente, 3 o 5 años. Estos niños, en contacto con el mundo escrito, y, sobretodo, con personas que leen y escribe habitualmente, van realizando diferentes aproximaciones al uso del código, hasta que, alrededor de los 7-8 años lo comprenden y usan. A su vez, cabe decir que, lo que he observado es que, cada niño parte de una linea de salida, y realiza su propio proceso, con mayor o menor tiempo.

Así pues, contemplo el proceso de leer y escribir, enmarcado en este abanico temporal de 3-5 años, desde una perspectiva procesual que me ha invitado a presentarle (con respeto), al niño, situaciones en las que pueda y se permita explorarlo, probarlo, experimentarlo. Por mi experiencia, asumo que los resultados que los niños me han ido mostrando –a medida que han dio adquiriendo y madurando sus habilidades– han sido, al menos en sus inicios, por decirlo de alguna manera, poco exitosos (valorados, claro está, desde mis expectativas adultas). Es decir, en algún momento de mi trayectoria profesional, y voy a exagerarlo para que quede clara mi propia barrera, he creído que leer y escribir eran habilidades que se adquirían casi de inmediato y, además, que cuando se incorporaban se hacía ya de 0 a 100 en 3 segundos. Nada más lejos de la realidad. Los procesos de lectura y escritura, como otros procesos socio-culturales, requieren su tiempo y, éstos, además, por ser de alto nivel cognitivo, todavía más; repito: de 3 a 5 años. Y, ello, esa supuesta lentitud, a menudo, me ha podido llevar a dudar de las capacidades naturales de los niños que, con el tiempo, me he ido dando cuenta de ello, son más altas de lo que, en un inicio, podía pensar. Pero, ¿no pasa algo parecido con los procesos de andar, hablar, o ir en bici? ¿No es cierto que, dentro de una franja temporal bastante amplia (de inicio y de duración), encontramos una infinidad de procesos únicos y singulares? Y, ¿no es aún más cierto que, a menudo, aquello que impide o dificulta el proceso son las expectativas demasiado rígidas de los adultos? (Sigue en Procesos de lectura y escritura (2/3))

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2 respuestas a Procesos de lectura y escritura (1/3)

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