Procesos de lectura y escritura (2/3)

(Viene de Procesos de lectura y escritura (1/3)) Otro tema de interés cuando nos plantemos cómo se aprende a leer es aquél que se refiere a los métodos. Por un lado, están los sintéticos (fundamentalmente auditivos y mecánicos) que se basan, fundamentalmente, en la relación entre lo oral y lo escrito, estableciendo correspondencias a partir de los elementos más pequeños: las letras (métodos alfabéticos) o los fonemas (métodos fonéticos); y, poco a poco, ir pasando de la parte al todo. Por otro lado, están los analíticos que se basan en que la lectura es un acto global y, fundamentalmente, visual. Tal vez, la figura más relevante de esta tradición sea O. Decroly (1871 – 1932), que defiende que la visión del niño es, inicialmente, global; y que, por lo tanto, así se debe proceder en los métodos de enseñanza. Ambos métodos, con sabor conductista, se ajustan al modelo asociacionista que plantea dos elementos claves del aprendizaje infantil: la imitación y el refuerzo selectivo. Consideran al niño como un ser pasivo que espera el refuerzo externo de una respuesta producida más o menos al azar (tanto en la adquisición del lenguaje oral, como en los procesos de lectura y escritura).

Ahora bien, según mi experiencia, el niño, yendo de arriba a abajo y de abajo a a arriba es activo y constructor; trata de comprender activamente la estructura del lenguaje que se habla, lee y escribe a su alrededor. Según A. Teberosky y E. Ferreiro (1936) aparece un niño que reconstruye por sí mismo el lenguaje, tomando selectivamente la información que le provee el medio. Este nuevo modelo constructivista coincide con las concepciones planteadas por J. Piaget (1896 – 1980) (Véase Empirismo y constructivismo o Constructivismo antes del constructivismo). Así pues, teniendo en cuenta a ese niño constructor, rodeado de personas que también construyen, entiendo los procesos de lectura y escritura desde un mirada socioconstructivista, muy cercana a las ideas de Vigotsky (1896 – 1934) (véase La coconstrucción de aprendizajes); integrando y transcendiendo los modelos asociacionistas en un planteamiento holístico que presta más atención al niño-en-relación-con-su-entorno que a los métodos (véase Métodos y aprendizaje).

Resumiendo las ideas fundamentales, ahora puedo decir que:

  1. el niño, en interacción recurrente y recursiva con el entorno y con el texto, construye significados. A partir de unas idees previas sobre el mundo y sobre el texto, confrontándolas con los elementos del texto y, a su vez, partiendo de esos elementos particulares (letras, palabras, etc.) y ascendiendo hasta el propio texto, es constructor de significados. Por ejemplo, leyendo con Jan –7 años– una adaptación sencilla del cuento El Falutista de Hamelin, sus ideas previas sobre la historia le iban sirviendo, de manera descendente, para otorgar significado a palabras que, danzando, iban abrazándose en frases para luego dibujar pequeños párrafos con significado. Y, a su vez, paralelamente, de manera ascendente, el descifrado de letras, palabras y frases le servía para confirmar o refutar esas ideas previas que él manejaba a priori.

  2. el niño, rodeado de experiencias de escritura y lectura, y acompañado por personas que leen y escriben habitualmente, necesita alrededor de 3-5 años para adquirir lo que llamamos el funcionamiento del código alfabético. Además, cada niño construye su propio proceso, en ritmo y duración. Por ejemplo, Óscar –8 años– y Jan –7 años– empezaron a interesarse por el código a finales del primer trimestre de su P3 (Óscar, casi con 4 años; y Jan, recién cumplidos los 3). Cabe matizar que, en ese momento, el interés de Óscar por el código era verdadero; en cambio, el interés de Jan era, básicamente, estar cerca de Óscar. Habiendo apuntado esto, que no deja de ser significativo (nos ayuda a entender la relación vigotskiana entre aprendizaje y vínculo), vale la pena explicar que, a partir de ahí, la trayectoria de los dos amigos ha sido bien distinta; cada uno con sus idas y venidas, recovecos, y estirones: Óscar a los 6 años (a mediados de su primero de primaria) leía y comprendía con soltura textos de todo tipo; y Jan, este verano –con casi 8 años, y a punto de empezar su tercero– ha leído su primer libro entero (y no es casualidad que este libro, que sí se ha leído, se lo haya regalado su abuelo). (Sigue en Procesos de lectura y escritura (3/3))

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3 respuestas a Procesos de lectura y escritura (2/3)

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