Procesos de lectura y escritura (3/3)

3.- (Viene de Procesos de lectura y escritura (2/3)) El proceso de leer y escribir, al ser socioconstructivo (un proceso que se construye a sí mismo de manera recursiva y recurrente)en el que me encuentro rodeado de otros que están a su vez en su propio proceso (otros niños y adultos)– requiere de muchas experiencias; de muchos contactos significativos (D. Ausubel (1918 – 2008)). Además, muchas de esas experiencias, al menos al principio, serán de lo que podríamos llamar de fracaso; como no puede ser de otra manera en alguien que está haciendo algo que no sabe hacer. Ahora bien, esos supuestos fracasos (que no son otra cosa que pequeños acercamientos al éxito) no deben llevarnos –tirados por nuestras expectativas y nuestras ganas de “bien, rápido y cuando yo quiera”– a desconfiar de las capacidades de los niños, sino, al contrario, a verlas en todo su esplendor. Así pues, las expectativas del adulto, a menudo, en lugar de funcionar como motor del proceso, lo que hacen, inconscientemente, es funcionar como freno. Por ejemplo, este curso, con niños y niñas de entre 6 y 9 años, motivado por su propio interés, hemos empezado una revista escolar con periodicidad semanal. Los textos que ellos mismos proponían, escribían y publicaban eran vivos, cotidianos y, para ellos, cargados de significado; textos, más o menos sencillos, que, poco a poco, ortográfica y gramaticalmente, se iban aproximando infinitesimalmente al éxito. En este sentido, me hago mías las palabras de Freinet (1896 – 1966), hablando de los procesos de la escritura: es necesario que experimentemos esa necesidad de expresar este deseo, este pensamiento; y que, no sirviéndonos, directamente, de otros intérpretes más prácticos (la voz, el ademán, la mímica), sintamos la necesidad de recurrir a este instrumento. La propia revista ha llegado a ser un pequeño emblema del grupo de los mayores y, al venderla a las familias de niños más pequeños, ha servido para que éstos, en la revista, y en su afán de vivir algo hecho por los mayores, hayan encontrado una pequeña catapulta (relacional – vincular) a su propio proceso de lectura. Otro ejemplo, en este caso de lectura compartida, con los niños y niñas del mismo grupo, ha sido la lectura, por parte de la maestra, en grupo y en voz alta, del clásico de Julio Verne (1828 – 1905) La vuelta al mundo en 80 días. La lectura de este libro, que nos ha servido para trabajar competencias lingüísticas, culturales, matemáticas, y de conocimiento del mundo, ha sido, entre otras cosas, una experiencia colectiva y significativa de amor a la lectura.

4.- Todavía no he conseguido construir un modelo básico de cómo se dan estos procesos de aprendizaje de la lectura y la escritura; más allá del uso que le doy al maravilloso trabajo de A. Teberosky y E. Ferreiro. Y, al respecto, uno, podría preguntarse: Y, ¿por qué necesitamos un modelo? Pues bien, si uno maneja un modelo puede detectar cuáles son los momentos fundamentales del proceso (por ejemplo, el interés natural por el código), aquello que puede favorecerlos (estar rodeado de experiencias significativas y de personas cercanas que sean modelo del propio proceso en el que se está inmerso) y aquello que los frena (por ejemplo, las expectativas de los adultos, las prisas, y, a menudo, los mismos métodos); y, consecuentemente, acompañarlos con respeto y proporcionar un entorno (espacial y humano; material y actitudinal) adecuado para que puedan darse. Por ejemplo, Jan desde bien pequeño –1 año y medio o 2– empezó a usar una bici sin pedales. En el verano de sus 3 años, cogió, por vez primera, una bici con pedales (sin el soporte de las ruedas pequeñas) y, casi mágicamente, aprendió a usarla con extrema rapidez. La bici sin pedales, cual andamio al mejor estilo Bruner (1915), le sirvió, dentro de su proceso, como palanca para llegar con éxito y comodidad, a el resultado deseado. Noa, por su parte, habiendo usado la bici sin pedales mucho menos que Jan pero empezándola a usar a la misma edad, en éste, su verano de sus 4 años, pedalea con una bici de cuatro ruedas. Un modelo de cómo funciona el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura nos serviría para encontrar el equivalente de la bici sin pedales para niños como Jan; y poder entender mejor los procesos que viven niñas como Noa y, así, tal vez, ofrecerles, a unos y a otras, lo que necesitan para poder acompañarlos mejor y más cómodamente en sus proceso de acercamiento a la lengua escrita.

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2 respuestas a Procesos de lectura y escritura (3/3)

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