Normas y límites (1/3)

Generalmente, cuando hablamos de normas y límites lo hacemos de tal modo que damos por sentado que el mundo en el que vivimos es algo definido (o, aun, pre-definido) que, por lo tanto, podemos llegar a representar; como aquél que dibuja un mapa de un espacio natural que visita a menudo. En este supuesto mundo ya existente, el virtuoso sería aquél las representaciones internas del cual se ajustarían mejor al mundo externo, fijo y establecido; es decir, el mejor cartógrafo. A pesar de ello, nuestra actividad cotidiana nos revela, constantemente, que pensar en el mundo como algo “que está ahí afuera independientemente de nosotros” es demasiado incompleto y alejado de lo que realmente vivimos. Precisamente, nuestra mayor capacidad como personas que acompañamos procesos, y al mismo tiempo los vivimos, es la posibilidad de plantearnos las cuestiones relevantes que nos van surgiendo en cada momento. Así pues, aquello que vivimos no es algo pre-existente sino algo que emerge desde un transfondo, siempre dentro de un contexto determinado.

Crear normas sería un trabajo fácil, sencillo e, incluso, cómodo si el mundo en el que viviéramos fuera predefinido. Ahora bien, si creemos que el mundo va surgiendo o es modelado la idea de crear normas se torna más difícil, compleja e, incluso, incómoda. De esta manera, lejos de creer en un mundo que pudiera representarse en mapas donde el observador jugaría un papel de mero cartógrafo, estaríamos hablando de un mundo en donde se establece una relación circular entre acción y conocimiento; una interdependencia entre conocerdor y conocido. K. Heisenberg (1901 – 1976), desde la física cuántica, nos diría que observador y observado se imbrincan en un diálogo creativo. F. Varela (1946 – 2001), biólogo, desde las ciencias cognitivas, nos hablará de enacción para explicar que entorno y ser vivo se definen mutuamente, son correlativos; ser vivo y entorno están codeterminados. J. Piaget (1896 – 1980), para hablar de este matrimonio entre ser vivo y entorno, en sus estudios sobre la construcción del objeto, concluirá que los esquemas mentales del objeto, formados por la inteligencia y el campo perceptivo del organismo, están ligados a una serie de hábitos motores, a la vez fuente y efecto de la construcción de dichos esquemas.

El dominio de un centro educativo puede reducirse, si uno quiere, a una serie de elementos; y a las relaciones que los diferentes elementos van estableciendo: entre ellos mismos, con los otros, y con el entorno. Sería, otra vez, relativamente fácil, si la normativa que regiría ese dominio -el centro educativo- pudiera reducirse a lo que sucede en un tablero de ajedrez: una serie de piezas, las relaciones que mantienen, y sus posiciones en el tablero; reglas para los movimientos, turnos y una serie de límites claramente definidos. En cambio, y contrariamente a lo que se pudiera dar en un mundo construido sobre un tablero de juego, un centro educativo -aunque también podríamos esforzarnos en determinar una serie de ítmes concretos; por ejemplo, las edades de los participantes, lugares para realizar actividades tranquilas, espacios para desarrollar habilidades psicomotoras, planteamiento de talleres opcionales, disposición de rincones de trabajo, preparación de zona para comer, etc.- no goza de unos límites bien trazados. Se requiere, pues, de un continuo uso del sentido común, de la intuición, y de la gestión de las propias sensaciones que emergen del cuerpo, para poner en acción normas, y plantear límites que nos generen a todos y a todas tranquilidad y seguridad.

Así pues, en un centro educativo, la acción más simple, realizada de manera espontánea, e incluso intuitivamente; luego, o en el preciso momento de su realización, para ser explicada requeriría de una cantidad de argumentos aparentemente inmensa, que nosotros, aquellos que la vivimos in situ, damos, a menudo, por sentada. Y, siguiendo con nuestra manera de entender la Vida, en el centro educativo, y en el manejo de esas acciones, el experto pasaría a ser el niño y la niña que, sin una historia demasiado pesada a sus espaldas, aprende, en el aquí y el ahora, a moverse y a relacionarse. (Sigue en Normas y límites (2/3))

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