Confesión

Como padre, y también como educador, y, ahora lo sé, a causa de mis propias carencias sufridas en la infancia (aunque me cueste reconocerlo, y reconocerlas), a veces, me siento incapaz, por mucho que me esfuerce en ello, de ofrecer amor a mis hijos y a los niños y niñas con los que trabajo. Y, ahora, que me doy cuenta que uso la palabra “esfuerzo” para referirme al “amor”, me percato, también, de que dar amor no es cuestión de esfuerzo, y que cuando mezclo esfuerzo y amor me conecto con mi exigencia.

En el último año y medio, me he dado cuenta que, tal vez, el reconocimiento de mis sentimientos me permita ayudarme a mi mismo, y a mis hijos, a romper cierta cadena de carencias y “autoengaños” que, creo, de alguna manera, vamos pasando de padres a hijos desde el inicio de los tiempos.

Me pregunto, en el transcurrir de los años, en quién me he llegado a transformar. Me pregunto, también, quién he sido. Me pregunto quién hubiera podido llegar a ser. Me pregunto quién he llegado a ser después de haber suprimido algunas de mis emociones. Me pregunto quién soy si, desde fuera, en mi historia, no se me ha permitido saber realmente qué sentía, qué percibía, qué quería, qué necesitaba y por qué. Me veo reducido a una máscara sin saber quién soy en realidad.

En mi propio proceso, me he ido dando cuenta que todo eso “no permitido” lo he ido almacenando, enterrando, en mi cuerpo; y que, él, mi cuerpo, en los mensajes –básicamente, de dolor– que en los últimos tiempo me ha estado enviado al respecto, no me ha estado mintiendo. Y, digo, “que me ha estado enviando en los últimos tiempo”, cuando debería decir, “que he sido capaz de escuchar en los últimos tiempo”; ya que, estoy seguro que, él, mi cuerpo, me los ha estado mandando continuamente, a pesar que yo no fuera capaz de darme cuenta de ello.

Sin duda, la vida tiene una paciencia infinita y, sin cesar, sin prisa pero sin pausa, me ha ido recordando que sigo necesitando ese amor que tiempo atrás no recibí. La sensación que ahora manejo es que cuánto mayor soy más difícil me resulta obtener de otros ese amor que tanto necesito y anhelo; aunque, debo confesarlo, a pesar de esa manifiesta dificultad en obtener ese amor primigenio de otras fuentes, mis expectativas de conseguirlo, que mayoritariamente ahora proyecto sobre mi compañera y mis hijos (aunque no sólo en ellos), no han desaparecido con la edad. Todo lo contrario. En estos momentos, estoy convencido de estar pasándoles “la papeleta” a mis hijos; usándolos para proyectar sobre ellos mis inconfesadas emociones.

El proceso que voy transitando me sugiere que el camino, seguramente, consiste en quererme, respetarme y compadecerme de mi mismo; en descubrir en mi mismo a la persona que puede cubrir esas necesidades que desde mi infancia esperan ser satisfechas; es decir, en darme a mi mismo la atención, la ternura, y el amor incondicional que no recibí. Y, como diría C. Naranjo (1932), llegar a conseguir ese abrazo a tres de mi familia interior: hijo – madre – padre.

De esa manera, hacerme adulto, hacerme Persona, significaría, entre otras cosas, dejar de negar la verdad de aquello que viví en mi infancia; sentir el dolor tanto tiempo reprimido; abrazar, por decirlo de alguna manera, mente y cuerpo; conseguir que mi cabeza conozca –reconozca– la historia que mi cuerpo ya conoce; integrar esa historia y no reprimirla más.

En lo que estoy, ahora, es en ese aceptar mi propia historia, mi propia infancia. Y, al mismo tiempo, intentar modificar la relación que mi niño interior mantiene con sus padres “internalizados”. Esa relación a tres, esa relación entre mi familia interior, ahora lo sé, no se basa en el amor, sino que está compuesta de distintos elementos como la gratitud, la lealtad, las expectativas, las negaciones, las ilusiones, el miedo y la obediencia.

Las necesidades verdaderas no satisfechas del niño que fui las he trasladado, ahora, desde mi vida de “adulto”, a mi pareja y a mis propios hijos; y, también, a los niños y niñas con los que trabajo. En estos momentos, todavía no acabo de creerme que, a causa de lo que viví, mi única vía fuese reprimirlas. Espero, ahora, desde mi fantasía, que sean otras personas quienes las satisfagan y, desde mi carencia, ahora, soy yo quien ignora las verdaderas necesidades de mis propios hijos; y de los niños y niñas a los que pruebo de acompañar.

Ciertamente, hasta que no reconozca y acepte mi propia historia, hasta que no sane mi herida, hasta que no me compadezca del niño que llevo dentro, hasta que no consiga ese abrazo a tres (madre – padre – hijo) no conseguiré romper el círculo en el que estoy –y, creo poder decir, estamos– encadenados.

Ahí, a veces con sonrisas y a veces con lágrimas, con ganas y paciencia, un poco cansado y un poco con prisa, estoy.

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36 respuestas a Confesión

  1. Anna dijo:

    Des dels meus ulls, quan et puc observar, veig tant amor en la teva relació amb els nens que acompanyes i amb els adults que t’envolten… gràcies per tant d’amor…
    Anna

  2. MªJosé Alió dijo:

    Hola Guillem,
    Ja fa un temps que llegeixo les teves entrades al blog i sempre em fas rellegir-les i pensar.
    I pregunto: Com s’arriba a l’autoconeixement? a reconèixer l’autoengany, (relacionat amb la supresió o control de les nostres emocions ) que hem anat incorporant en la nostra vida al llarg dels anys … ?
    Com et deslliures d’aquest “encadenament” en el sentit literal o de transmissió generacional ( ho anem passant d’adults a nens) i en el sentit de limitació personal, que ens té lligats i no ens permet acompanyar d’una manera lliure als nostres fills o alumnes ?
    Com es pot treballar aquesta llibertat personal? com treballes la supresió de les emocions deixada en nosaltres pels adults que ens han precedit i com treballes la relació amb les emocions amb els que ens segueixen?
    Agraeixo els teus pensaments,
    MªJosé

  3. colin renou dijo:

    Aaay Guillem, hacia tiempo que no te leía y ahora que retomo tu blog me encuentro con este desnudo texto, que me recuerda mis propios suspiros. Un año y medio después del nacimiento de mi hija, me veo en ocasiones exigiendo a mis seres queridos un amor y una atención que no soy capaz de darme a mi mísmo: la herida antigua. Por suerte la Vida y la paciencia infinita de los hijos nos dan constantes posibilidades de recuperarnos. Suerte con la búsqueda, con esa sanación, estoy seguro de que encontrarás el amor que anhelas, un abrazo
    Colin

  4. margamassot dijo:

    Llegeixo, respiro fons llegeixo, respiro fons. Un petó

  5. Pilar dijo:

    Que profund i que autèntic Guillem! Crec que això ens toca a tots, al menys parlo per mi.
    Una abraçada,

  6. Gabi dijo:

    Te abrazo amigo querido.

  7. Ángeles Córdoba Murcia dijo:

    Mira Guillem, estoy emocionada con tu testimonio a corazón abierto. En breve impartiré un taller que he titulado el Arte de cuidArte y se me antoja tu confesión como el paradigma de un hombre en busca de su verdad y autenticidad. El de un hombre y su trinidad infinita (padre-madre-hijo, hermano, esposo, amigo, compañero, educador, guía…) que se cuida y se ama porque no recibió los abrazos que necesitaba y se sabe que hasta que no se los de a sí mismo no alcanzará el arte de amarse y amar. Me inspiras para impartir mi taller. Era lo que me faltaba y llegó. Estarás presente el 7 de marzo. No lo dudes y desde este espacio te enviaré todos mis cuidados para que allanen tu camino de lágrimas, paciencia y prisas.
    Con inmensa gratitud hacia tu ser,
    ángeles

  8. Sebas dijo:

    Guillem,
    esto de “padre – madre – niño” me tiene un poco perdido.
    Sé que en otros post ya lo has comentado, pero ¿me lo podrías aclarar un poco más?

    Gracias
    Sebas

  9. Laura dijo:

    ¿Cómo se desnuda alguien que no sabe que va vestido?
    ¿Cómo se despierta alguien que no sabe que está dormido?

  10. Maria Massot dijo:

    T’estimo

  11. margarita dijo:

    Aceptación….

  12. Irma dijo:

    Y, ¿cómo una puede estar segura de haber llagado a Ser?
    ¿Se termina alguna vez el camino?
    Y, ¿qué debe ser esto de Ser?
    ¿Qué sabor tendrá?
    ¿Será posible despojarse de las viejas ropas, y aprender (recordar) a caminar desnuda?

  13. Pedro dijo:

    Otra vez, el dichoso oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”
    Cuando observador y objeto son “uno”, ¿es posible el conocimiento?
    No será todo una falacia, una imposibilidad, un delirio…
    ¿Será cierta la intuición de Calderón: la vida es suelo y los sueños sueños son?
    ¿Cómo poder cambiar aquello que desde hace tanto tiempo ha sido así?

  14. maria magarolas dijo:

    T’estimo

  15. Mònica dijo:

    Estamos.

  16. mar dijo:

    Hola VIDA guillem,
    me leía una amiga el otro día unas palabras que decían más o menos lo siguiente: cuando miramos nuestro interior descubrimos la Nada, cuando miramos nuestro exterior descubrimos el Amor, entre la Nada y el Amor está la VIDA.
    Te quiero,

  17. moixainalota dijo:

    gracias!!! te veo, me veo.

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