Pintura de dedos

Las 4 mujeres, ninguna de ellas de más de 3 años de edad, alrededor de la mesa, restan inmóviles. Las manos quietas; las bocas abiertas; los ojos, como platos. En medio de la mesa, 3 botes de pintura de dedos, sin tapa, esperan que alguna de ellas decida ensuciarse con su contenido. En las últimas 2 semanas, las 4 damas se han visto las caras, en repetidas ocasiones, con pinturas y pinceles, agua y papel; han aprendido los usos y costumbres de la pintura con pincel. Ahora, delante de unos botes de pintura de dedos, sin pinceles ni agua, permanecen inertes. Una de ellas, rompe el silencio atronador y pregunta: “¿Dónde están los pinceles?” “Esta pintura puedes usarla con los dedos; sin pinceles”, responde una educadora. Ella, sin salir de su asombro, en un puro desequilibrio, prueba de asimilar, sin éxito, la experiencia; intenta incorporar esta nueva clase de pintura a los esquemas de conocimiento que ha ido construyendo a lo largo de las últimas 2 semanas; pretende amoldar los nuevos hechos al patrón de su estructura cognitiva; digerir, de alguna manera, la nueva experiencia. Al momento, y cargada de prudencia, otra de ellas, cogiendo al toro por los cuernos, decide, valiente, meter los dedos en el bote, acomodándose a la nueva situación; su organismo, olvidándose de los pinceles, prueba a cambiar sus respuestas, y, por lo tanto, sus esquemas de conocimiento, ante las demandas de esta nueva clase de pintura.

Según mi criterio, el proceso de desarrollo estaría directamente influido por la calidad de las experiencias -recursivas y recurrentes- que nos ofrece el espacio-tiempo-relaciones que habitamos; por el momento madurativo del niño; y, parafraseando a J. Piaget (1896 – 1980), por el proceso de adaptación, que se compone de tres elementos: asimilación, acomodación y equilibración.

Piaget al exponer su teoría sobre el desarrollo cognitivo afirma que la inteligencia es un caso concreto de adaptación biológica; y, el biólogo H. Maturana (1928) estaría en algo de acuerdo, pero no en todo (véase Integrar orgánicamente o Neurodiversidad). Sin más, la adaptación, para el suizo, consiste en desarrollar dos procesos de tipo paralelo o simultáneo: asimilación y acomodación.

La asimilación supone una incorporación de los objetos a los esquemas de conocimiento ya existentes; amoldar hechos de la realidad al patrón de la estructura cognitiva.

La acomodación implica la tendencia del organismo a cambiar sus respuestas, y por lo tanto sus esquemas de conocimiento, ante las demandas del entono.

Los equilibrios y desequilibrios entre asimilación y acomodación explicarían el desarrollo cognitivo, la estabilidad y el cambio conductual.

El organismo trata todo aquello que le llega del entorno en función de los esquemas de los que dispone en ese momento; unos esquemas que son inconscientes y funcionan automáticamente; y contienen, en forma de estructura, el conocimiento adquirido sobre el mundo, organizado en redes de información. Aunque Piaget no hablara de ello, actualmente se sabe que estos patrones pueden activarse por emociones análogas a las que en su momento organizaron tales redes y estructuras de conocimiento. Y, a su vez, ya que la conducta es la expresión externa y manifiesta de la estructura interna, regulan y organizan los comportamientos: confirman los ya existentes (asimilación de la realidad al esquema; como quien quiere, ahora y aquí, usar la pintura de dedos con pinceles por creer que sólo hay de una clase) o los modifican (acomodación del esquema a la realidad; como quien descubre que, ahora y aquí, hay dos clases de pinturas: las que se usan con pincel y las que se usan con los dedos).

Asimilación y acomodación representan, pues, dos procesos cognitivos que permiten pasar de las estructuras profundas que son los esquemas de conocimiento a las estructuras superficiales que representan los eventos cognitivos (pensamientos, imágenes).

Según Piaget, el desarrollo del conocimiento parece el resultado de un proceso de elaboración fundamentado básicamente en la actividad del niño. El niño elabora su conocimiento de la realidad actuando en el mundo concreto; no descubre ni copia, sino que crea. Las actividades motrices y sensoriales son consideradas por el suizo como la base en la que se fundamenta el desarrollo de la inteligencia y, sin lugar a dudas, para un niño son más esenciales que cualquier otra habilidad académica. Ahora, sabemos que, además de lo ya apuntado por Piaget, las emociones (véase Fichas, aprendizaje y educación infantil) y el entramado relacional (véase La coconstrucción de aprendizajes) son esenciales para los andamiajes de la inteligencia; de cualquier tipo de inteligencia (véase Neurodiversidad).

A su vez, Piaget, afirma que incluso cuando la inteligencia se ha desarrollado hasta el punto de no necesitar las muletas de lo concreto, y usa un conocimiento altamente abstracto, tenemos que considerar su origen en estas manipulaciones. El conocimiento no nos llega hecho desde fuera. En este sentido, conocer no significa recibir impresiones, sino que el conocimiento lo construimos.

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2 respuestas a Pintura de dedos

  1. Irma dijo:

    Lo que aprendemos lo aprendemos desde dentro, desde nosotros mismos; y, a la vez, en relación con el mundo y con los otros. Soy yo quien voy construyéndome; y lo voy haciendo en la relación con el entorno, y en la relación con los otros.

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