El control de esfínteres y un poco más (1/2)

Me decido a escribir sobre la etapa anal, sobre lo que sucede alrededor de los 2 años (en referencia a lo que sucede a nivel neuronal, véase Quiero vestirme de blanco), sobre el final de la fase sensoriomotora y el inicio de la preoperativa. En definitiva, y concretamente, me decido a escribir sobre algunas cuestiones de crianza (control de esfínteres y aumento de las capacidades motoras, básicamente) que, enmarcadas adecuadamente, son una muestra más de un hito extraordinario en el desarrollo infantil: la construcción del Yo.

Desde los 18 a los 24 meses, aproximadamente, el niño despliega nuevas habilidades motrices (destreza y seguridad en el estar de pie, y en la marcha; al tiempo que coordina mejor el movimiento de las manos y la fonación) que lo llevan a experimentar nuevas posibilidades. Erikson (1902 – 1994), para esta etapa, la fase anal, nos plantea el conflicto entre la autonomía y la vergüenza – duda. El aumento de posibilidades le permite al niño sentir la sensación de autonomía; y, a su vez, paralelamente, explorar el mundo. Y, para que el niño, en su nuevo proceso de apertura al mundo, pueda ser y estar con esa sensación de autonomía, requiere, por un lado, experiencias gratificadoras; y, por otro, cuidado, apoyo, comprensión, paciencia, “saber estar”, y unos pocos limites con amor, por parte de sus padres. Si el niño, en lugar de recibir esa incondicionalidad, recibe excesivas prohibiciones, castigos y frustración emergerá la vergüenza; si recibe ambigüedad, contradicciones o nada, entonces, percibirá duda. Y, ahí, y a través de ese espejo deformado –como los de las ferias– que somos los adultos, entre idas y venidas, aceptación, duda y vergüenza, se va transitando por ese delicado equilibrio entre la autonomía (libertad, valor propio, adecuación) y la dependencia (control, manipulación, mentira, agresión reprimida, sumisión, inferioridad, inadecuación).

En relación al control de esfínteres, y siguiendo a Reich (1897 – 1957), voy a plantear sus dos fases. Y, antes de hacerlo, voy a recordarme que el placer y la relajación son siempre la consecuencia natural de la satisfacción de cualquier necesidad, y sobretodo de las básicas. Ahora sí, ahí van las dos fases:

En la primera, el niño encuentra placer en la expulsión; experimenta con su voluntad y autonomía, con su poder personal, todavía en período de pruebas. En esta fase, el niño se da cuenta: identifica sensaciones, está atento a las percepciones sensoriales (se da cuenta, por ejemplo, que ha mojado el pañal, o que acaba de hacer caca). En este momento es interesante ofrecerle materiales para que pueda manipular, amasar; por ejemplo, plastilina, arcilla, arena…

En la segunda, el niño encuentra goce en la retención. El niño ya es capaz de anticiparse; puede avisar de que “algo” va a suceder. En esta momento es interesante que tenga a su disposición agua, piezas para ordenar y clasificar, elementos para encajar unos dentro de otros. Sobra decir que es necesario, por parte de los adultos, el respeto, la calma, la paciencia, la aceptación, para que el niño pase cómodamente, y de manera autónoma, de la expulsión a la retención. Vale la pena apuntar que, según lo que yo he observado, y cuando no hay presiones por parte de los adultos, lo habitual es que el proceso del control de esfínteres se desarrolle y culmine entre los 2 y los 4 años. No quiero olvidar que el proceso de control de esfínteres, como todo proceso, no es algo lineal. Además, requiere y se apuntala en la seguridad emocional del niño que, cada cual, va adquiriendo y conservando a su ritmo y manera. Así pues, a lo largo del proceso y por diversas causas (cambios en el cotidiano del niño, tensiones en la familia, miedos, novedades, situaciones inesperadas, etc.) se pueden dar casos especiales: “sólo querer hacer caca en el pañal”, “retener en exceso la caca o el pipí”, “dejar de controlar la caca y/o el pipí en determinados momentos”, etc. En estos casos, como adultos, vale la pena comprender (lo está haciendo por “algo”, aunque yo no sepa por qué), observar (¿qué ha cambiado en el entorno del niño?, ¿qué le puede estar afectando, al niño, de lo que vivimos los adultos que convivimos con él?, etc.), y aceptar (por ejemplo, “si quieres el pañal para hacer caca, ahora, te lo pondré; cuando quieras hacer caca sin pañal, me lo dices”).

Tengo la sensación de que, a veces, cuando el niño retiene en exceso, y esa retención no tiene otra explicación, nos puede estar avisando de algo. El proceso de retención va asociado a un aumento de la autonomía de niño; por lo tanto, el niño, inconscientemente, la puede usar (la excesiva retención) par expresar algo en relación a sus padres; nos puede estar dando información emocional de algo que está “pasando” en el sistema familiar. Así pues, normalmente, los casos de retención excesiva (de caca o pipí) es algo que abordo directamente con los padres. Por ejemplo, les puedo preguntar al padre y/o a la madre: ¿hay algo que no estás expresando? ¿hay algo a lo que no le estás dando salida? ¿hay alguna emoción que no te estés permitiendo? ¿cómo estás en relación con la exigencia (hacia ti y/o hacia los demás)? (Sigue en El control de esfínteres y un poco más (2/2))

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2 respuestas a El control de esfínteres y un poco más (1/2)

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