1 lustro y 1 decálogo

Este mes de mayo, se cumplirá un lustro del nacimiento de este blog. Para celebrarlo se me ha ocurrido redactar un decálogo del “no-hacer“, que defienda a los niños del ruidoso mundo de los adultos. Un decálogo que dibuje una suerte de nuevo derecho: que los niños puedan “hacer-sentir-pensar” conectados con lo que verdaderamente necesitan.

Se me ha ocurrido un decálogo del “no-estructurar“, que permita que los niños dispongan, todos los días, de momentos, espacios, tiempos y relaciones no estructuradas por objetivos y programaciones; ni organizadas por los adultos; ni controladas por normas rígidas y preestablecidas; ni supuestamente útiles para su futuro.

Se me ha ocurrido un decálogo del “no-sobreestimular“, que nos anime a eliminar las tareas y las actividades que, simplemente, llenan vacíos. Un decálogo que dé cabida al sano y necesario aburrimiento, y a la motivación interna. Un decálogo que barra todo aquello que satura, agobia y ahoga la necesidad de crear y desarrollarse.

Se me ha ocurrido un decálogo en el que, si lo prefieres, puedes sustituir la palabra niño por tu propia sensación sentida de tu propio niño interior.

  1. No des respuestas adultas a todo aquello que el niño pregunta o expresa. Simplemente, presta atención a todos sus comentarios, dudas, expresiones emocionales, y observaciones. Nada de ello es banal o anodino, aunque, inicialmente, te cueste entender aquello que está intentando decirte. Si puedes, escúchale, y dale cobertura y sostén. Ten presente que en su balanza interna tiene mucho más peso (consciente o inconscientemente) lo emocional/relacional que lo cognitivo/informativo. Es responsabilidad tuya acercarte a su manera de ver y entender el mundo.

  2. No llenes el día a día del niño con actividades que le preparen para el futuro. No organices su cotidiano sólo con aquello que tú crees que necesita o desea. Reduce las actividades extraescolares que no sean propuestas directamente por él. Simplemente, presta atención a todo aquello que hace de manera natural y espontánea; y acompáñale en su “aquí y ahora”. Procura que tu casa esté preparada para acoger todos estos haceres-sentires-pensares. Asegúrate de que disponga habitualmente de tiempo- espacio – relaciones no estructuradas. Si planeas salidas intenta que no obedezcan sólo a tus necesidades. Da prioridad al contacto con la naturaleza no estructurada. Cubre la necesidad del niño de experimentar en espacios naturales y abiertos poco modificados por el ser humano.

  3. No interrumpas, innecesariamente, aquello que hace. Cuando esté concentrado, poniendo toda su atención en su quehacer, respétalo profundamente como si de un gran investigador, artista o científico se tratara. Cuando creas que necesita algo, no te adelantes a sus demandas ni a sus peticiones. Espera. Escúchale. Permite que saboree la duda, la incertidumbre, el no-saber e, incluso, cierta dosis de necesario aburrimiento.

  4. No des prioridad al uso de ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, internet ni TV. Atiende la necesidad del niño de tocar, usar los sentidos, e interactuar con materiales concretos y reales. Si lo crees conveniente, o no puedes evitarlo, y acaba mirando la TV o jugando con las nuevas tecnologías; antes de hacerlo, asegúrate de que el contenido sea adecuado; durante, acompáñale emocionalmente; y, después de hacerlo, observa en qué estado está. Reduce el tiempo que le dedica, o incluso elimínalas, si compruebas que, después de hacerlo, aumentan su estado de tensión o de ansiedad. Ten en cuenta que, después, necesitará un tiempo de “juego depurativo” para procesar/digerir las imágenes y contenidos que ha visto.

  5. No le dejes hacer todo lo que quiera. En algunas ocasiones, él sabe lo que desea pero no es consciente de lo que necesita. Ayúdale a conectar con sus verdaderas necesidades. Ponle, con amor, los límites que sean necesarios. Sin embargo, no uses los límites para educarle, aleccionarle, instruirle o moralizarle. Date cuenta de todo lo que expresa: cuando sus necesidades verdaderas no las siente cubiertas te lo dirá a su manera. Es importante que aprendas a descifrarlo.

  6. No decidas ni organices las normas de sus juegos. Simplemente, obsérvalos, y, si te apetece verdaderamente y te lo pide, interactúa y juega con él siguiendo su iniciativa. Intenta estar con el niño al menos 20 minutos al día -sin estar pendiente de nada más-; simplemente, ofreciéndole tu atención plena.

  7. No resuelvas sus conflictos. Permite que sea él el que solucione, a su manera, sus pequeñas disputas; y si ambas partes están de acuerdo con el resultado no quieras modificarlo aunque no entiendas, desde tu lógica adulta, el desenlace de la contienda.

  8. No generes sobreestimulación de la que puedas prescindir. Reduce los ruidos innecesarios, las imágenes sobrecargadas, y la cantidad de objetos y juguetes. Prepara diferentes espacios neutros y agradables para que cada uno –solo o en grupo- pueda hacer aquello que le apetezca sin interferir en los quehaceres del resto.

  9. No creas que no le importas o no le interesas. Siempre que llegues a un sitio y esté él, acércate, agáchate a su altura y, con respeto, salúdale con ternura. Para él, aunque a veces no te lo parezca, eres la persona más importante y necesaria.

  10. No juzgues, ni valores indiscriminadamente, ni evalúes, ni califiques los quehaceres del niño. Simplemente, si te lo pide, prueba de ofrecerle, con autenticidad, observaciones descriptivas concretas de aquello que te muestra.

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2 respuestas a 1 lustro y 1 decálogo

  1. Laura dijo:

    He tenido que leer el decálogo un para de veces.
    Hay puntos que los he “captado” más y otros, estoy segura, que menos.
    Seguramente, de cada punto se podría escribir una biblia, ¿verdad?

    No sé si es de esos decálogos que se “deben” colgar en la nevera ¿…?

    Gracias por el trabajo y por la síntesis

  2. Pingback: DIA 14: EL MILA (TARRAGONA) -EL SUBMARI LILA | maestra en ruta… aprendiendo a enseñar de otra manera

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