No recuerdo…

Anthony de Mello (1931 – 1987), en su libro Un minuto para el absurdo, y para explicar cómo lo que busca la mayoría de la gente no es el gozo de la conciencia y la actividad, sino el consuelo del amor y la aprobación, nos cuenta la siguiente historia:

El Maestro refirió una anécdota de los tiempos en los que cada noche, antes de dormirse, su hija más pequeña le pedía que le leyera un cuento de los muchos que contenía un libro que le habían regalado.

Un día se le ocurrió la idea de grabar los cuentos en una cinta magnetofónica. La niña no tardó en aprender a manejar el magnetófono, y todo resultó estupendamente durante unos cuantos días, hasta que una noche la niña puso el libro en manos de su padre y le pidió que le leyera un cuento.

«Pero, tesoro», dijo el Maestro, «ahora ya sabes cómo se maneja el magnetófono».

«Sí», respondió ella, «pero no puedo sentarme en sus rodillas».

No recuerdo quién me acostaba. No recuerdo, tampoco, si antes de acostarme me contaban un cuento. No lo recuerdo en absoluto. Ahora bien, lo que sí sé es que me hubiera encantado sentarme en las rodillas de mi padre; y tampoco recuerdo si lo hice.

No recuerdo a quién le contaba mis penas. No recuerdo, tampoco, a quién le contaba mis alegrías. No lo recuerdo en absoluto. Sin embargo, lo que sí sé es que me hubiera encantado contárselas a alguien; y tampoco recuerdo si lo hice.

No recuerdo quién me escuchaba. No recuerdo, tampoco, quién mi miraba. No lo recuerdo en absoluto. A pesar de ello, lo que sí sé es que me hubiera encantado acoger esa mirada de aceptación que le hace notar a uno, de forma incondicional, que es un persona valiosa, única e irrepetible; y tampoco recuerdo si la abracé.

No recuerdo el lugar que ocupaba. No recuerdo, tampoco, haberme sentido parte de algo. Simplemente, no lo recuerdo. No obstante, lo que sí sé es que me hubiera encantado bañarme en un “Tú eres bienvenido”, “Tú eres uno de los nuestros”, “Éste es tu lugar”; y tampoco recuerdo haber sentido profundamente ese sensación de pertenencia.

Seguramente, muchos estarían de acuerdo que un buen estado de salud tiene que ver con gozar de un buen estado emocional. Tal vez ya no sería tan aceptado que un buen estado de salud emocional tiene que ver con cómo se encuentra el propio depósito de amor. Sin duda, para mí, ahora, es mucho más esencial la búsqueda de amor que el placer de la conciencia y la actividad.

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5 respuestas a No recuerdo…

  1. Pedro dijo:

    Hoy te he pillado al vuelo.
    Se me ocurre algo un poco enrevesado.
    ¿Cómo puede uno añorar algo que nunca ha tenido?

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