La mala reputación de la rabia (quinta parte)

6074180936_e54091ddca_o(Viene de La mala reputación de la rabia (cuarta parte)) Para EXPRESAR, también podemos separar una parte verbal de una no-verbal o actitudinal.

El encaje de lo verbal con lo no-verbal, aquí, es más sutil que en los anteriores apartados; ya que, aquí, la congruencia puede jugarnos una mala pasada (o, dicho de manera más acertada, puede jugarle una mala pasada al otro). Me explico. En esta fase de expresión, por ejemplo con la tristeza, podríamos acompañar nuestra actitud corporal con frases del tipo: “Llora todo lo que necesites”. Y, ahí, cuando fuere menester, abrir de par en par las puertas al llanto. Con una actitud corporal abierta, con el regazo, los brazos y todo el cuerpo a disposición, y con un lenguaje verbal conciso abrazamos al niño y a su tristeza, acogemos el llanto y le ponemos nombre a lo que puede no estar nombrado. Pues bien, si yo, adulto que da cobertura humana a ese momento, tengo algún tema no cerrado con esa emoción, posiblemente -y, en función de la intensidad del momento; y del tipo de vínculo que tenga con la persona a la que acompaño-, el hecho de acompañarla, puede abrir en mí eso que no tengo cerrado y, en función de cómo lo maneje, interferir negativamente en el niño. De este modo, y en esa estrecha proximidad, mis propios procesos pueden provocarme incongruencias entre el canal verbal y el no-verbal; y, eso, generar confusión, incertidumbre e inseguridad en el niño.

No quiero pasar por alto dos cosas:

  1. A veces, lo útil es no permitir la expresión. En ciertas situaciones, he observado que hay niños que no se conectan con una emoción verdadera (o que, aquello que inicialmente era verdadero, acaba por “estar desconectado”); y que, por ejemplo, en el caso de la tristeza o el miedo, el llanto o cualquier otra expresión, no acaban siendo un expresión sanadora. Es como si el niño, en algún momento (y no voy a entrar aquí en las razones que creo que llevan a ello), quedara secuestrado por la emoción y la misma expresión lo llevara a un circulo vicioso del que no pudiera salir. En esos momentos, nos ha sido útil usar elementos de alguno de los patrones cambio por interrupción para ayudar al niño, desde fuera, a salir de ese red en la que se ha quedado atrapado.

  2. Siempre, o casi siempre, es imprescindible ir mostrando, describiendo, los cambios emocionales y corporales que el niño va experimentando, a medida que la expresión de la emoción va transformándolo (a él y a la emoción). Por ejemplo: “Poco a poco, te noto más relajado; parece que la tristeza se está marchando, y está llegando otro cosa, ¿verdad?). Ahí, nos ha sido útil utilizar los elementos de alguno de los patrones de cambio por secuencia.

En el caso de la rabia, su mala prensa nos han llevado a confusiones en varios sentidos:

  1. Alguna vez, la propia represión del adulto ha hecho que las muestras de rabia del niño no hayan sido recibidas con total aceptación.

  2. Otras veces, por ejemplo, en el caso de conflictos, se ha aceptado la rabia verbalmente (“Ahora, estás con un enfado”), y, a causa de la expresión conductual (por ejemplo, cuando esa rabia lleva a una agresión física al otro), se ha puesto un límite no-verbal (con elementos paralingüísticos y corporales) a la expresión de esa emoción (“Entiendo que estés enfadado. No quiero que pegues”). Ahora bien, en algunos casos, no se ha dado una opción de salida alternativa a esa energía interna a la que llamamos rabia. Se ha probado de acompañar con palabras del tipo: “No quiero que le pegues. Dile lo que te ha molestado”. Y, eso, ciertamente, en algunos casos, ya es útil porque la voz (y todos sus componentes paralingüísticos) puede ser un muy buen canal de expresión. Sin embargo, en otros casos, antes de poderle poner palabras a lo que sienten, antes de poder descifrar aquello que la emoción les ha traído, necesitan cierto tipo de descarga corporal. Y, ahí, como proyecto tenemos mucho que aprender. Esas fórmulas alternativas de descarga de la tensión provocada por la rabia (golpes en almohadas, por ejemplo) es algo que hemos empezado a explorar conscientemente durante este curso y, vale decir que, los resultados han sido muy esperanzadores. Eso nos ha llevado, por ejemplo, a prepara una sala que llamamos “de la paz” para que quién lo necesite pueda buscar la intimidad necesaria para expresar su rabia, y otras emociones, con todo el cuerpo.

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3 respuestas a La mala reputación de la rabia (quinta parte)

  1. Pingback: La mala reputación de la rabia (cuarta parte) | Ser para educar

  2. Margalida dijo:

    Les tenia pendents i les he llegit les cinc d’una tirada… n’espero més. M’ajuda molt.

  3. Gracias…
    Em suposa un esforç escriure així, en obert; sense un final precís i preestablert.
    Me n’adono que m’exigeix més…
    De moment, ho tanco aquí… essent conscient que deixo moltes coses fora…

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