El paso de infantil a primaria (3/3)

(Viene de El paso de infantil a primaria (2/3)) Recapitulación

1) El cambio de infantil a primaria no supone necesariamente un cambio evolutivo significativo; por lo tanto, afirmamos que “cambio de infantil a primaria” y “cambio evolutivo” son cosas distintas que, a veces, y sólo a veces, coinciden.

 2) Como consecuencia del punto 1, en el “cambio de infantil a primaria”, y en referencia al cambio evolutivo, nos encontramos con tres tipos de niños y niñas:

 a) Los que, en el momento en el que cambian de infantil a primaria, todavía se encuentran inmersos en la etapa pre-operativa.

 b) Los que ya han entrado en una suerte de etapa intermedia (la segunda subfase de Reich, decíamos); una etapa, he explicado, en la que, esos niños están a caballo entre la pre-operativa y la operativa concreta. Esos niños, y siguiendo la metáfora, sostienen, a la vez y al mismo tiempo, dos mundo totalmente distintos.

 c) Y, me atrevería a decir que, no hay ningún niño que aborde al cambio de etapa de infantil a primaria estando inmerso, ya, en su etapa operativa concreta.

 3) Contemplando 1 y 2, y teniendo en cuenta que esa transición es un cambio (en el sentido que Maturana y otros darían a esa palabra), en el “cambio de infantil a primaria”, nos encontramos tres grupo de niños (a, b, y c) que, además del cambio de “edificio”, de “metodologías” y, a menudo, de “actitudes”, están inmersos en sus propios mundos y en sus propios procesos de cambio; y que, todos ellos, están manejando, a la vez, aquello que quieren conservar y aquello de novedoso que se les viene encima (no sólo de fuera -edificios, maestros, metodologías, actitudes, técnicas, etc.-, sino también de dentro -nuevas maneras de ver y relacionarse con el mundo).

 4) El proceso evolutivo es siempre continuo (aunque haya distintos ritmos y no sea necesariamente progresivo); y, por lo tanto, y aunque el “cambio de infantil a primaria” (distinto del cambio evolutivo) sea una suerte de “punto de inflexión” (infantil de primaria están separados temporalmente por el verano) no debemos olvidara que el niño lo vive dentro de un continuidad espacio-temporal que es importante respetar y acompañar.

Conclusiones

  1. El “cambio de etapa de infantil a primaria” no se debería hacer en bloque (todo un grupo a la vez); sino que, en el momento en el que se hiciere, debería ser algo “decidido” (consensuado) entre el niño, la familia y el equipo docente. De esa manera, aseguraríamos que, el cambio de infantil a primaria coincide con un real cambio en el proceso evolutivo del niño (diferencia que hace la diferencia, como diría Bateson (1904- 1980)). En nuestro caso, en el proyecto en el que trabajo, esto que para nosotros sería lo ideal (un salto a la primaria “a la carta”, en función del momento de cada niño), todavía no podemos incorporarlo, ya que tenemos una serie de problemas logísticos que no hemos logrado resolver. Vale la pena matizar que este cambio/decisión individual iría acompañada de un rito de despedida (el niño se despide del grupo de infantil) y de un rito de bienvenida (el grupo de primaria da la bienvenida a un nuevo miembro). Por ejemplo, en el proyecto de “El Roure“, en Sant Joan de Mediaona, esta decisión de cambio la pueden tomar los niños a partir del momento en el que cumplen los 7 años.

  2. Si no podemos abrazar el punto 1 (en nuestro caso, por problemas logísticos), sería imprescindible no ser rígidos en el “cambio de etapa de infantil a primaria” y permitir que los casos particulares se saltaran la norma general. En nuestro caso, ahora, hay un grupo que pasa en bloque (por razones de edad) y esa sería la norma general; aunque, tenemos, por ejemplo (por razones evolutivas y, sobretodo, relacionales; que no siempre van parejas), a niños de 6 años todavía con el grupo de infantil y a niños de 5 años en el grupo de la primaria. Cabe decir que, este cambio en bloque va precedido (en el segundo trimestre del curso anterior al cambio) de una “primera presentación del espacio”, en la que el grupo de la primaria “invita” al grupo de los mayores de infantil a “conocer” la que será, el siguiente curso, su nueva casa. A partir de esa primer día, los mayores de infantil pueden acceder libremente al espacio del grupo de la primaria e, incluso, siempre que lo deseen, participar en casi todos sus talleres y propuestas.

  3. La necesaria “continuidad” en los “cambios evolutivos” nos lleva a ser muy cuidadosos con el cambio de etapa de infantil a primaria. Por un lado, en lo referente a la continuidad en los métodos, las actitudes y la técnicas que se utilizan en ambos edificios (infantil y primaria), ya que, si no la hubiera, los niños vivirían esas “supuestas discontinuidades bruscas” como incoherencia vivenciales. Cabe decir que, eso, las discontinuidades, no son malas en sí mismas (aunque, a veces, sí lo sean). Lo que sí, creo, es nada adecuado es no hablar de ellas (es decir, que no se haga “pedagogía” de ellas); y que, sin hablarlo, esas discontinuidades se impongan, así, sin más. En nuestro caso, intentamos que haya una continuidad en cuanto a métodos y técnicas (límites, acompañamiento corporal, emocional y cognitivo, etc.); en cuanto a pilares pedagógicos (talleres, ambientes preparados y salidas y proyectos); y, sobretodo, en cuanto a actitudes (escucha, aceptación, empatía-confrontación, etc.). Por otro lado, a la hora de acompañar cada una de las individualidades dentro del lógico proceso grupal.

  4. Por todo lo dicho en los puntos 1, 2 y 3, se presupone que algo esencial ha de ser la coordinación entre los maestros de ambos edificios (nosotros los llamamos adultos acompañantes). Y, no sólo la coordinación en actitudes, métodos y técnicas; sino también en miradas. Es decir, poder coordinarnos en las miradas que damos a los niños, en nuestros puntos de vista, en nuestras observaciones. De esa manera, cuando en el nuevo edificio ser recibe al grupo de niños, no se recibe sólo a un grupo, sino a un grupo que está formado y constituido por tantas individualidades como personas lo compongan. En nuestro caso, esto supone una seria de reuniones de traspaso a final de cada curso, donde, una a uno, vamos conversando de todos los niños que van a cambiar de espacio. Cabe decir que, ello, tiene un peligro evidente. A saber: el uso y el abuso de las etiquetas. Por ello, en estas reuniones probamos de describir procesos, intercambiar observaciones, situar momentos evolutivos, sin entrar ni en juicios ni en etiquetas.

  5. Y, para finalizar, no puedo dejar de hablar del acompañamiento. Cada niño, pues, requerirá un acompañamiento individual (corporal, emocional y cognitivo) ya que cada uno estará en un momento concreto y determinado de su proceso. Y, será importante tratarlo así, como a alguien único. Y, con eso, podremos salvar, seguro, el hecho que a menudo los niños (y los adultos) nos encontramos en un sitio y en un momento en el que no queremos estar o, simplemente, en el que no sabemos cómo sostener lo que allí vivimos.

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